Re: Cruzar océanos en barquichuelos
para tod@s
En este repaso a los héroes olvidados de la navegación en barquichuelos voy a intentar escribir sobre un navegante que ha pasado a la historia con el nombre de su barco como mote.
Este navegante fue primero que cruzó en solitario el Atlántico en un bote; se trata de Alfred "Centennial" Johnson.
La historia comienza un día de 1874 en una taberna del puerto de Glouscester , donde estaban reunidos ante una mesa un grupo de pescadores charlando, bebiendo y jugando a las cartas.
Empezó una discusión ¡cómo no! de acciones marítimas imposibles de hacer y entre ellas estaba la de cruzar el océano Atlántico hasta Inglaterra en un dory. (bote auxiliar que las goletas pesqueras tenían para faenar)
Entonces de levantó uno de ellos, el reservado y apocado Johnson, diciendo que de ese grupo, era él el que lo podía hacer en cuando quisiese y especificó que le bastaba con 16 pies de eslora.
Todos, menos él, estallaron en una carcajada que resonó en el local por encima del murmullo general y que se recrudeció cuando afirmó que ahora era imposible porque no tenía el suficiente dinero para comprar el bote.
Nadie creyó a Johnson, al que algunos le llaman Johnsen ,ya que nació en Dinamarca, y creían que su afirmación fue debido a la intervención del alcohol ya que por su carácter tímido y su temperamento poco optimista delataban que no iba a cumplir lo prometido.
Ni siquiera lo creyeron cuando ya había ahorrado los 200$ con los que se hizo hacer en los astilleros de Higgings & Gilford un peculiar bote de 16 pies de eslora de flotación y 20 de total; 5,5 de manga; 2,5 de puntal con una orza y tres compartimentos estancos para evitar su posible hundimiento.
A este tradicional bote de pesca , le añadió una cubierta corrida excepto dos pequeñas escotillas desde donde podía gobernarlo; también dispuso en la sentina unos lastres de hierro, lo armó con un bauprés para aparejar dos foques, una vela cuadra desarmable para aprovechar los vientos de popa y un sistema para desaparejar el palo en caso de mal tiempo.
Un día anunció que le ponía a su bote el nombre de Centennial y que ese nombre obedecía que iba a efectuar el cruce de 3.000 millas siguiendo el derrotero de la ruta comercial hasta Liverpool en menos de 90 días para conmemorar el primer centenario de la independencia de los Estados Unidos y que zarparía a mediados de junio de 1876 y acto seguido se paseó por el puerto con el bote con un palo al que había armado una vela cangreja y dos foques.
Lo juzgaron de loco o idiota cuando iba aprovisionando su bote, pintado con los colores de la bandera americana, con carnes enlatadas, leche condensada, agua y un artilugio para reponerla por medio de las lluvias y demás vituallas.
Muchos se creían que era un simulacro; que a los pocos días, si a caso, volvería.
Fijó el día de salida: el 15 de junio de 1876.
Este día el muelle del astillero estaba lleno de personas; algunas escépticas, otras intentaban disuadirle de esta aventura sólo podría terminar con un desastre y él ahogado; pero la mayoría lo animaba y vitoreaba.
A las cuatro y cuarto de la tarde comenzó a remar acompañado por varios botes, algunos de los barcos en los que había servido y al cabo del rato, , arrió la enorme bandera de los Estados Unidos que llevaba dispuesta en el palo e izó las velas y en un momento desapareció de la vista oculto por el espigón oriental del puerto.
Al cabo del tiempo se dio cuenta que la aguja sufría la influencia de el lastre de hierro que había colocado y no daba la orientación completamente precisa por lo que arrumbó, en su curso hacia el norte, a Nueva Escocia, pasó el día 22 a 18 millas del cabo Sable y recaló en Barrington , donde estuvo hasta el día 30, cambiando el lastre.
Como iba navegando por una ruta muy concurrida se tropezó con muchos buques que se acercaron a socorrerlo ya que pensaban que era un náufrago.
Todos estos encuentros cuando se recibían en Gloucester provocaban admiración y la noticia se fue corriendo por los periódicos.
El 2 de Julio el vapor Amerique lo localizó en Lat. 62,23; el 14 de julio el St. Louis lo divisó en los 43,47 y así varios como los vapores Greece o Mosel que iban comunicando las situaciones en las que se encontraba cuando acudían a "rescatarlo".
Por cierto el Mosel era un trasatlántico de pasajeros y cuando le preguntaron si podían hacer algo por él y le respondió que no le importaría tener una botella de whisky porque ya se le había agotado.
Le tiraron por la borda un par de botellas amarradas a una tabla.
Seguía navegando con el procedimiento que había pensado: dormir a ratos de día y vigilar navegación de noche y así consiguió un promedio de 70 millas/día. Algunos incluso alcanzaban más de 100 millas, sobre todo al final cuando el barco pesaba menos.
El 18 de julio estalló una tormenta que se fue complicando hasta que estalló un vendaval que volcó el bote dejándolo aprisionado, ya que se había atado, en el reducido interior que quedaba entre los departamentos estancos. Tardó 20 minutos en salir medio asfixiado. Agarrado a la orza intentaba enderezar la embarcación con la ayuda del oleaje.
Cuando lo consiguió muchos de sus vituallas y pertrechos, entre ellos la vela cuadra, habían desaparecido; el pan se había echado a perder y su reloj se había averiado con el agua.
Consiguió desembarazarse de los tiburones que rodeaban el bote hiriéndolos con un cuchillo amarrado al remo.
En esa situación lo encontró un vapor que iba socorrerlo, pero él se negó, aunque le enviaron un saco de pan y un barrilito de cerveza.
El 9 de agosto lo vieron a 15 millas del faro de Tuscar en el Canal de San Jorge y al fín recaló el 12 de agosto en el pueblecito pesquero de Abercastle ,que se encuentra en el suroeste de Gales, totalmente desfallecido por lo que lo llevaron a la taberna del puerto ,que también hacía las veces de improvisado hospital, para que se recuperase.
Al cabo de dos días, aunque todavía débil, se empeñó, pese a la oposición de sus cuidadores, en seguir navegando para conseguir la meta prometida: Liverpool.
Dicho y hecho; armó su bote y se internó por el canal de San Jorge en dirección a la industriosa ciudad.
La noticia de su llegada ya se había corrido y generaba bastante curiosidad. Cuando ya estaba llegando se le acercó un buque de pasajeros con las cubiertas atestadas de público.
El capitán le gritó que su barco navegaba para darle la bienvenida y que lo escoltaría hasta su llegada al puerto.
La terminal de pasajeros del puerto de Liverpool estaba abarrotado de público que lo vitoreaba: era el día 21 de agosto; había cumplido lo que había prometido en sólo 66 días.
En la ciudad fue colmado de atenciones y ganó dinero con su barquichuelo porque lo exhibió durante varios meses cobrando 6 peniques por persona.
El día 21 de febrero de 1877 volvió a Nueva York, con su bote en el mismo barco que en su día fue a socorrerle: el Greece.
En la ciudad y sus alrededores intentó hacer el mismo "show" con su bote que en Liverpool, pero sin éxito.
Volvió a su ciudad y a la pesca donde murió de viejo , ya capitán, rodeado de la aureola que consiguió a sus 28 años, y de la que nunca fanfarronearía ya que siempre repetía que "nunca lo volverá hacer ni por un millón de dólares" o que hizo el viaje porque "en esa época yo era un idiota tal y como me dijeron que era cuando zarpé a cruzar el Atlántico."
Pero todo el mundo lo llamaba "Centennial"
Saludos Andrés
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