Y yo, navegando por la Cinque Terre, sin enterarme de que había renacido el debate revolucionario.
Me pregunto, un poco llevado por el nihilismo que inspira el final de las vacaciones y sus simulacros asociados, que de dónde habremos sacado la convicción de que la idiosincrasia (previsible) de las variantes sociales de los ciudadanos europeos pudiera haber confundido a las líneas trazadas con estudiada antelación por el Gran Hermano y sus entregados sirvientes. Crisis incluída. A veces me pregunto si la verdadera razón de navegar no estará inspirada por la ilusión de perder de vista la distorsión causada por toda esta tropa.
Por favor, perdonad la reflexión. Aún no me he reintegrado del todo a la tierra firme.
Grog para todo dios, o lo que de otra suerte, apeteciere
