Re: 1ª parte de un extraño relato
En honor de CHOQUERO (menos mal que me dejaron el brazo derecho  ):
Aquella noche era espectacular. Cómo solía ocurrir cuándo se presagiaba el cambio de levante a poniente o viceversa, no había el más mínimo soplo de viento. La mar estaba en absoluta quietud, en un estado que los navegantes locales llamaban “calma chicha”. La luna llena se reflejaba en la mar, construyendo un puente de plata hacia la eternidad. Las estrellas, testigos intemporales de nuestra historia, brillaban allá arriba, peleando por llamar mi atención.
Mi viejo velero, de nombre ERRANTE, se extrañó de aquella singladura.
Era un velero y su alimento diario se basaba en el viento. No en un motor.
Pero, el impulso de gozar de aquella noche, no admitía quejas. El ponía el casco, yo la voluntad.
Solté las amarras que me aferraban al fondeo, di avante y un sonido a pistón desangelado inundó la noche.
Con corriente a favor, enfilamos las balizas de salida de la canal y, sin prisas pero sin pausa, fuimos dejando
la silueta del Castillo de Sancti Petri por estribor.
Una vez pasadas las últimas balizas, el camino dejó de existir. Ya no había carreteras, ni señales ni límites de velocidad. Toda la mar era para mi. Al Oeste, la inmensidad. Al Sur, Marruecos y al Norte, al Norte, lo mismo que al Este.
Me decidí a poner rumbo al Oeste. La oscuridad me tentaba y las estrellas, cómo sirenas del cielo, me cantaban su ancestral canción de infinito. Era difícil sustraerse al espectáculo.
A oscuras, con un levísimo resplandor en proa a verde y a rojo, me dejé acunar por aquella madre traicionera que, cuándo está serena, nos mecé en sus brazos de agua con un amor dulce y embriagador imposible de describir, pero que, cuándo se enfada, carece de la más mínima piedad para ofrecer nuestras vidas en altares de espuma.
No hay elección a medias. Se la quiere o se la odia. Siempre... se la teme.
Dejé la caña aferrada con un par de cabos a ambas bandas y bajé a la camareta para prepararme un cubata de Legendario, al tiempo que conecté el CD con altavoz en bañera, para disfrutar de aquella negra noche en compañía de una de mis bandas cinematográficas favoritas: La Misión de Ennio Morricone.
Cuando el disco comenzó a emitir el Gabriel´s Oboe, el éxtasis fue absoluto. Aquella melodía no invadía el silencio. Lo acompañaba, en una simbiosis perfecta con aquel grandioso escenario. Por un momento, me pareció que las estrellas dejaban de titilar, expectantes ante aquella música, provenientes de un grano en el espacio y de un átomo en el universo.
Creo que había “cargado” demasiado el néctar caribeño y el hermoso veneno, había comenzado a inundar mis sentidos. O tal vez, toqué fugazmente aquello que los filósofos describen como la unión con la naturaleza, el todo en el uno y el uno en el todo.
Tras un par de horas de travesía, y ya de vuelta al puerto base, fijé mi mirada en la luz del faro de Sancti Petri, con el fin de arrumbar de modo preciso a la entrada de la canal.
Cómo todos sabéis, cada faro tiene una secuencia de destellos, que se repiten periódicamente y que lo identifican de forma inequívoca, para guiar a los navegantes hacia su destino.
Nuestro carnet de identidad son dígitos. El de los faros, son destellos. Cada objeto o cada persona tiene su forma de comunicarse. A veces o casi siempre, los objetos se comunican mejor que las personas.
Pues bien, en las cartas náuticas de la zona, la identificación del faro del Castillo de Sancti Petri estaba perfectamente reflejada: DB 3 seg, es decir, un destello blanco cada tres segundos.
Iba a apartar mi vista de ese chispito de luz, cuándo de repente la secuencia cambió.
En su lugar, aquella luciérnaga humana, comenzó a emitir tres destellos cortos, seguidos de tres destellos largos y otros tres destellos cortos. Me quedé petrificado.
Me froté los ojos, creyendo que la vista me había jugado una mala pasada. Pero no.
La siguiente secuencia, volvió a repetirse. Tres destellos cortos, tres largos y otros tres destellos cortos.
Aquello era, sin duda alguna, una llamada de socorro en el mundo náutico. La señal S, en morse ...---... y que significa Save Our Souls (Salvad nuestras Almas).
Alguien estaba en serio peligro.
Apagué el CD, le dí volumen a la radio de a bordo y redoblé mi vigilancia de aquella mar plana y silenciosa, dejándome las pestañas escudriñando cada palmo de agua salada.
La secuencia sólo se repitió una vez más. En total, tres secuencias y después, retorno a los destellos usuales.
Por curiosidad miré mi reloj. Eran las tres de la noche. La última secuencia “extraña” se había producido a las tres de la noche.
Continué mi alterada navegación hasta el fondeo en el Caño y, sin novedad alguna, amarré,me fumé un pitillo en la bañera y, tras mucho debatir con mi cerebro, concluí que “aquello” sólo había sido una ilusión óptica, influenciada tal vez por mis lecturas de Edgar Allan Poe.
Dormí plácidamente, mecido por una marea ancestral que me acunó con amor de madre.
Dos días después, disfrutando del primer café de la mañana, abrí el periódico y me llamó la atención una noticia referente a los sucesos en Chiclana de la Frontera.
La noticia relataba que en la mañana del día anterior, se había encontrado en la Punta del Boquerón, una pequeña embarcación de madera, sin matricula, con dos aparejos de pescar y sin nadie a bordo. Había sido remolcada a tierra firme y ninguno de los lugareños había sabido reconocerla o dar indicios de su armador.
Nadie reconocía aquella triste chalupa.
El vello de los antebrazos se me erizó cómo alfileres.Puede que nadie reconociera aquella embarcación, pero yo sí había visto la llamada de socorro de aquel viejo pescador. La había visto. ¿Sólo yo?
Y no pude hacer nada. Sólo el eterno faro, intentó advertir del peligro. No le creí.
Descanse en paz.
|