Re: 1ª parte de un extraño relato
Bueno, siendo sincero, el relato acababa ahí, pero me he dado cuenta que aún puedo sacarle más partido, es decir, "rizar el rizo".
Ahí va, parte de la segunda parte (recién salido del horno):
No me conformaba con el final de esta extraña historia. Me había dejado un resquemor en el alma y, sobre todo, una sensación de impotencia por no haber sabido “hacerle caso” al faro del Castillo. Fui a la Asociación de Pescadores de esa ínsula y pregunté a Kiko (su presidente) por la ubicación de la pequeña chalupa que habían encontrado naufragada en la punta de arena.
Afortunadamente, Salvamento Marítimo la había remolcado hasta el pantalán del Caño Chanarro y, posteriormente, había sido depositada en la marina seca de la Asociación. Bueno, depositada. Más bien, arrinconada en una de las esquinas del destartalado patio de lo que una vez fue un solar almadrabero.
Era una patera de buena madera, construida con mimo, pintada con múltiples capas de blanco y con los típicos ojos en las amuras. Reminiscencias de fenicios.
Los aparejos habían desaparecido, pero el par de remos, estaba marcado con unas iniciales que aún podían leerse: E.O.
¿E.O.?. Menuda pista. ¿Eduardo, Esteban, Eustaquio, Ernesto, Evaristo,......? Y no digamos ya la O, que bien podía ser un apellido o un sobrenombre de los muchos que acostumbraban a distinguir a los lugareños de Sancti Petri.
Pregunté a los asiduos del “club” y ninguno supo darme la menor noticia sobre aquella pequeña embarcación, sin nombre, sin matrícula y sin historia.
¿Sin historia?. Eso creía yo.
Un día, habiéndome quedado sin tabaco y siendo un fumador empedernido, recalé en un pequeño quiosco, al final de las descarnadas construcciones que aún quedaban en pie en aquél fantasmagórico poblado. Se llamaba “La Bella Esquina”. Lo habitaba y regentaba un peculiar personaje, con poblada barba y montura de gafas de auténtico miope, que tenía la curiosa costumbre de escuchar música en el tejado-terraza de su chiringuito, mirando siempre hacía el Castillo.
Yo le calculé unos sesenta años, pero las grietas de su rostro, hacían que dudara de mis cálculos y que, tal vez, pasara los setenta.
- ¿Me da un paquete de Winston
- Lo siento, pero sólo vendo cigarrillos sueltos
Joder, aquello me recordó mi juventud, cuándo con 10 pesetas en el bolsillo, sólo podíamos comprar un par (a lo sumo) de cigarrillos, para “vacilar” ante el sexo femenino.
- Bueno, pues déme cinco cigarrillos rubios.
- Un euro y medio.
Se los aboné, pero antes de guardarlos en el bolsillo de la camisa, me dio por preguntarle:
- ¿Lleva usted mucho tiempo en el poblado ?
El hombre me miró desconfiado. Con mi bigotiilo de facha, tenía toda la pinta de un inspector de hacienda y creo que lo puse en alerta.
- Bastante...¿por qué lo pregunta?
- Bueno, verá, no sé si ha leído la noticia de una chalupa que encontraron con la quilla al aire allí enfrente.
Señalé con el dedo la punta del Boquerón, que en pleamar se recortaba nítidamente al final de la costa del otro lado del Caño.
-Pues no, no lo he leído, pero respondiendo a su pregunta anterior, sí, si llevo mucho tiempo viviendo en este poblado. Quizá demasiado.
Parecía que se había relajado y percibí que su última puntualización, invitaba a continuar la charla.
- El caso es que he preguntado a todos los que conozco de vista y nadie ha podido reconocer la patera que ahora descansa en el “Caño Chanarro”.
- ¿ Y que interés tiene usted en esa embarcación ?
Evidentemente, ni se me ocurrió contarle el extraño suceso que había vivido en primera persona aquella singular noche. Así que salí “por peteneras”.
- Simple curiosidad. Me ha llamado la atención que ninguno de los habitantes de aquí, pudiera darme indicios de esa preciosidad.
La siguiente pregunta, me confirmó que a él también le había “picado” la curiosidad. Sus palabras fueron:
- ¿Y dice usted que la embarcación está en Chanarro?
- Si, está depositada a la espera de que la reclame su dueño....o sus herederos.
- ¿Sus herederos?
- Bueno (mentí), he supuesto que el armador pudo naufragar aquella fatídica noche y tal vez ahogarse.
- O puede que se rompiera el cabo de fondeo y la marea hiciese que volcara en La Punta. ¿No le parece?
Touché !!! Tuve la tentación en ese momento de contarle los tres extraños destellos del faro, pero me contuve.
No quería parecer tan loco en ese primer encuentro.
La siguiente proposición me dejó estupefacto.
- ¿Podemos ir a verla ?
- Por supuesto, así le invito a una caña.
- Espere un momento.
Encendí un pitillo y cuándo lo acabé, el barbudo personaje y yo, nos pusimos en marcha hacia Chanarro.
Cuándo llegamos (pocos minutos) al patio de entrada de la marina seca, pude comprobar que aquella persona era bastante conocida en la Asociación. Le saludaron varios de los presentes, refiriéndose a él, cómo “alemán”.
Entramos en la amplia marina y cuándo alcanzamos el rincón dónde se encontraba durmiendo mi querida patera, observé que “Alemán” se paró en seco y sus ojos (bueno, sus gruesas gafas) casi se le salen de las órbitas.
Tragó saliva y con un leve susurro, sólo alcanzó a decir:
Editado por GUATARRAL en 03-10-2011 a las 21:21.
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