¡*oder, Edu!.
En esa misma localización donde descansa la barca de tu relato me sucedió algo a mi hace unas semanas acompañado de Carpant, Don Armano e IslaNáutica.
Hay en el lugar una preciosa motora de madera de unos nueve metros de eslora, según me informó Carpànt, es de principios del siglo pasado, originalmente de vela, pero pasada a la fe gasolera. El caso es que cuando la ví, me enamoré de ella, solo tenía ojos para mirarla y me fuí hasta ella diciendo ¡que cosa más bonita, es preciosa!, o algo así. El problema es que había una pareja allí cerca, ella, según me dijeron, uyna moza de las que quitan el hipo, el idem pero a bofetadas. Al parecer el novio me oyó y debió pensar que el piropo era por la moza, por fortuna, según me cuentan, dudó y se quedó con la mosca detrás de la oreja. Gracias a ello, conservo mi integridad física, pero la cara de Carpant, era un poema. Y yo sin enterarme de nada. Lo cierto es que la verguenza, al saber lo ocurrido la supe disimular, pero *oder, que situación más violenta podía haber vivido...
Pero eso si, la motora seguro que sigue allí con ese casco tan espectacular, esas tracas tan bien puestas y esa experiencia que debe de tener...
En fin, esa es otra historia.

