Re: Cruzar océanos en barquichuelos
Hola a tod@s muchos
Cuando vemos a un palista pasar con su piragua al lado de nuestro barco le damos, normalmente, poca importancia.
Su "juguete", pensamos, es un simulacro de barco incapaz de enfrentarse con una navegación de altura.
Craso error.
A parte que le debemos reverencia pues es, con algunas pequeñas modificaciones, la embarcación más antigua que podemos utilizar con más de 3.000 años a sus espaldas, un barco con el que se ha navegado mucho, y a largas distancias.
 
No voy a meteros el rollo de la cultura aleutiana, los Norses de Islandia, la de Thule con sus Inuits y sus diez familias que ocuparon el ártico canadiense con sus kayaks ,que reconstruidos en base a medidas y dibujos de los cascos que se han conservado, se ha podido constatar que podían navegar a seis nudos (vamos que a estas alturas casi podrían competir con las piraguas de competición)
Tampoco me voy a referir a los polémicos viajes en kayaks de los Inuits desde Groenlandia o la península del Labrador hasta Escocia que han inflamado la mitología escocesa e irlandesa con personajes legendarios como el Finnman o la Selkie Céltica.
Lo cierto es que hay al menos tres kayaks en Escocia desde el siglo XVII y allí llegaron navegando; de hecho uno puede verse en el museo Marischal de Aberdeen; éste apareció en sus costas en el año 1.700 con un inuit a bordo que murió días después.
Sólo me voy a referir a hechos concretos relacionados por la historia.
La prueba de fuego de estas embarcaciones la dieron los Aleutianos, cuando los piratas de la empresa concesionaria Russian-American Co.,los sometieron, reteniendo a sus familias que eran asesinadas si regresaban sin la caza exigida por lo que los obligaron a faenar constantemente, sin tocar tierra, remando a veces 1.000 millas hasta obtener la cuota fijada, por lo que casi extinguieron la nutria marina en esa zona.
Estas informaciones junto a las técnicas, descritas por un misionero, que utilizaban los esquimales para adrizar el bote interesaron al abogado escocés John Mc. Gregor, que tras un viaje a Canadá y observarlo en directo, se construyó un kayak imitando las normas esquimales aunque con su propia tecnología porque armó el casco con tablas solapadas unidas con clavos de cobre remachados al armazón de cuadernas curvadas al vapor. Incluso llevaba una fogonadura para introducir un palo que aparejaba una vela al tercio
Se fue con él a Londres y navegó por el río Támesis con el nombre de Rob Roy en su proa. ( un guiño al héroe escocés del 1600 que vivió fuera de la ley)
La gente se sorprendió al ver ese frágil bote de 4,57 metros de eslora que navegaba tan rápido y que se podía transportar porque sólo pesaba 30 kilos.
Fue tal el éxito que Mc Gregor continuó navegando por los ríos de Europa y escribiendo sus experiencias en sus populares libros "A thousand miles in the Rob Roy canoe on twenty rivers and lakes of Europe" y "The voyage alone in the yawl "Rob Roy". Que despertaron la afición a este deporte.
Estas son las bases y ahora pegamos un salto en el tiempo y en el 1900, a un joven estudiante de arquitectura de Múnich, Alfred Heurish ,se le ocurrió que podría construir él mismo un kayak desmontable, con un armazón de madera y tela engomada; lo probó en el río Isar y como vió que su invento funcionaba lo patentó con el nombre de Delfín.
Un día lo vió navegar el sastre de Rosenheim Johann Klepper y vió sus posibilidades comerciales.
Compró la patente y con la ayuda de unas modificaciones hechas por el navegante Carl Luther comenzó a fabricar su "Faltboot Kepler" en 1906.
El éxito fue inmediato y Alemania, con sus ríos y múltiples lagos se llenó de piragüistas.
Y también comenzaron los grandes viajes como los de Karl Schott que en 1923 se propuso navegar desde Alemania a la India , bajando por el Danubio hasta Grecia y desde allí por el Canal de Suez al Océano Índico.
El mismo Roald Amundsen en el 26 los utilizó en su expedición al polo norte pero no cruzaban los océanos, pues pensaban que ya era demasiado enfrentarse a alta mar para esa minuencia, por lo que iban costeando.
Yo me voy a referir al viaje del primero de ellos, el que tuvo el coraje de hacer el primer cruce.
Se llamaba Franz Romer un veterano de la 1ªGM de 29 años.
Se propuso atravesar el Atlántico desde las Islas Canarias aprovechando los alisios.
Se compró un Klepper de 19,5 pies de lona impermeable que llamó Deutscher Sport al que le hizo algunas modificaciones para emprender esa locura, como una bomba de achique de pedal ,un sistema que comandaba el timón con los pies, un asiento "en cubierta" para utilizar en caso de buen tiempo; un palo que aparejaba una vela cuadra como una yola y también podría aparejar una pequeña vela en popa; un sistema que podría inflar unos tubos con dióxido de carbono para darle una flotabilidad adicional.; un asiento interior que una vez ocupado tenía un cockpit que lo cubría por completo, dejando sólo un pequeño tubo para ventilarse y sin que entrara una sola gota de agua.
Lógicamente también embarcó la tecnología naval de su 1928: compás, sextante, reloj, barómetro, binoculares y las tablas náuticas.
Sobre el papel todo perfecto, pero cuando zarpó del cabo de San Vicente en Portugal rumbo a Las Canarias, desde donde iba hacer "su inicio real", se dio cuenta que una cosa es la teoría y otra la práctica.
El asiento "de cubierta" era imposible utilizarlo, por riesgo al vuelco en cualquier momento por lo que iba siempre sentado en la zona cerrada por lo que desde cintura para abajo transpiraba abundantemente al igual que los alimentos que con la humedad interior se deterioraban por lo que debía dejar abierta la funda que cerraba el habitáculo pero ,por pequeña fuese la abertura, estamos en la mar con sus salpicaduras, su rocío por no hablar de la humedad de la atmósfera circundante.
Toda esta agua va a entrar, y no volverá a salir con la bomba que había instalado que sólo servía para grandes cantidades y en condiciones ideales por lo que con una lata de comida vacía tendría que realizar las más duras contorsiones para achicar en ese estrecho asiento permanente.
Por otra parte le daba miedo dormirse porque una simple ola que no controlase lo podría volcar por lo que daba pequeñas cabezadas de segundos. Sólo lo podía hacer más seguido cuando navegaba estable a vela.
Pero una dura prueba le esperaba porque casi a la vista de Canarias le cogió una fuerte tormenta y una intensa lluvia que a pesar de tener todo el sobrecockpit cerrado, el agua entró y los alimentos flotaban en el interior y sus desesperadas pedaladas a la bomba no lograban achicarla.
Volcó y afortunadamente, las bolsas de flotabilidad de dióxido de carbono se llenaron automáticamente, estabilizando y adrizando la embarcación.
Ya llevaba cuatro días luchando, día y noche, contra la tormenta, cuando por la noche una ola abandonó su barco y él a bordo sin sentido sobre la arena de una playa canaria.
Había llegado a las islas afortunadas navegando 580 millas en el sorprendente tiempo de 11 días pero totalmente extenuado; de hecho cuando despertó después de haber dormido no sabía dónde se encontraba y tenía una dolorosa atrofia muscular que le impedía moverse y unas úlceras en sus piernas que tardaron en curar.
Sorprendentemente, a pesar de cómo había "desembarcado", quiso seguir la aventura y a pesar que todavía no se había repuesto totalmente ,llenó su embarcación peligrosamente de los alimentos y agua dulce que necesitaba para las más de 3.000 millas que le esperaban. Tan cargado iba que no podía estirar totalmente las piernas y el agua llegaba casi a la regala.
Zarpó el 3 de junio de 1928 y tuvo la mala suerte que otro temporal lo alcanzó a poco de partir.
Os podéis imaginar lo que pasó y encima con el barco tan atiborrado de pertrechos; a punto estaba de abandonar pero lo superó como también superó los dos meses que tardó en llegar a St.Thomas, la primera tierra que avistó ,sin ningún tipo de comida caliente pues el infiernillo de parafina que apoyaba entre las piernas para al menos calentar, se incendió y lo tuvo que tirar al agua.
Con el terror de ser abordado por las ballenas, por las marsopas, en fin, por los grandes peces ya que era su barco era su imán puesto que se acercaban a comer lo que supuestamente llevaba adherido su casco o a rasparse con él y se convirtió en una tortura adicional que le tenía los nervios desechos.
Y también tuvo que soportar las dolorosas úlceras que comenzaban de nuevo a corroer su piel por la salmuera del interior y el suplicio del entumecimiento.
Pero cuando llegó al puerto de St. Thomas hizo el esfuerzo increíble de subir una escala y desplomarse en el suelo.
Cuando lo reconocieron, ya que su aspecto era el de un barbudo cadáver, fue aclamado como un nuevo Lindberg.
Pero aquí no termina esta historia ya que después de seis semanas, una vez que se sintió recuperado y sus heridas curadas ,zarpó de nuevo rumbo al puerto de San Juan en Puerto Rico , donde se avitualló para el tercer salto y así alcanzar su último destino : Nueva York.
Le aconsejaron posponer la aventura. Ya era octubre y no era la fecha idónea para navegar por la zona.
Fue despedido como un héroe pero una hora después de su partida llegó un parte meteorológico que avisaba de un huracán en su ruta; varios barcos lo habían notificado y Romer iba directo a él.
Los días iban pasando y no se tenían noticias, se enviaron barcos al cabo Hatteras donde se esperaba que apareciese y volvieron sin noticias. Aunque todavía con esperanzas ya que Franz había superado ya dos grandes tormentas en su viaje.
Pasó noviembre y ya se perdieron las ilusiones. A la tercera va la vencida y la mar se lo tragó.
Hubo que esperar 28 años para que otro se atreviera hacer lo mismo, aunque más conocido y con más ayuda .
Se trataba del Dr. Lindemann que lo hizo en 1956 y lo contó en su libro "Solo en el mar". Pero eso es otra historia.
Saludos Andrés
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