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Antiguo 09-10-2011, 10:02
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anboro anboro esta desconectado
Corsario
 
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Predeterminado Re: Cruzar océanos en barquichuelos

para tod@s

He recibidos varios privados de algunos de los que siguen estos relatos para que si era posible se puedan intercalar en el texto la parte gráfica ya que así quedaría más completas las historias.

Dando las gracias por el interés voy a intentarlo.



A muchos les sonará esta cara y este nombre, sobre todo a los más talluditos, Alain Bombard.




fué (digo fué porque murió en el año 2005) un hombre de muchas facetas ya que lo mismo era médico, que músico o escritor ; o quizás un importante biólogo ; o también un ecologista a ultranza en contra de la caza de focas, del engorde de los hígados de las ocas o de la energía atómica ; o a caso como el científico marino embarcado en su laboratorio de la Coryphène, un bello kech para estudiar la fisio- patología de los navegantes



Este Kech de 18 metros llamado Coryphème lo diseñó "Gino" de los astilleros Constantini, el creador de la serie Tarann de 1961 que sirvió de entrenamiento a Éric Tabarly. Más tarde en el 63 y sobre esta misma base creará el Pen Duik II con el que Éric ganaría la Transat en solitario del 64. Ahora está, con otro nombre, a la venta en Gibraltar por 225.000. Eur.
o acaso como político y de los gordos pues fue secretario de estado de Medio Ambiente en el gabinete de Pierre Mauroy (aunque se marchó al mes y medio de ser nombrado después de ver el panorama del Ministerio tan irritante para sus ideas tan poco convencionales ) y eurodiputado durante 14 años hasta que decidió dejar todo en 1994 y vivir retirado en el campo rodeado de libros e instrumentos de música.

Pero ¿qué tiene que ver este científico y artista con este hilo?

Pues mucho, porque faltaba que fue aventurero y concretamente estamos hablando de un navegante que para no desmerecer el hilo, cruzó el océano atlántico en un barquichuelo pero con unas especiales condiciones que harían definir este cruce como un suicidio.

La historia comienza así:

Alain Bombard era un joven médico residente en el departamento de cardiología del hospital Boulogne-sur-Mer (justo en el paso de Calais) y un día de 1952 recibió un camión con 43 cadáveres de un accidente.

Eran los ahogados de un naufragio en el Canal de la Mancha. Y este hecho, tan impactante, cambió su vida.

Él conocía la mar; la había descubierto en unas vacaciones de invierno en Bretaña donde le enseñaron los principios de la vela y desde entonces, cada vez que podía, se embarcaba y estudiaba el problema de la supervivencia de los náufragos pero al ver esta tragedia con tantas personas ahogadas sin remedio, decidió investigar profundamente para evitar que la escena que acababa de contemplar no volviese a suceder y se pudiera sobrevivir en un medio tan inhóspito como el marino.

Se despidió del hospital y se trasladó al Instituto Oceanográfico de Mónaco para investigar su incipiente teoría: indagar las propiedades nutricionales de los peces y explorar la posibilidad de sobrevivir bebiendo una dosis mínima de agua de mar.



Experimentando con su trituradora de peces para obtener agua en los laboratorios del Museo Oceanográfico de Mónaco.

Tras sus estudios publicó sus resultados que establecían que a partir de la fauna marina era posible obtener todas las vitaminas esenciales incluso la C y la B12 y que el consumo de agua de mar en una persona bien hidratada, en dosis mínimas y ante la escasead de agua de lluvia, no provoca necesariamente ninguna contraindicación.

Sus colegas pensaban que estaba loco y seguían pensando como la sabiduría popular: el agua de mar mata rápidamente ya que deshidrata el cuerpo al acumular la sal en el organismo provocando una grave insuficiencia renal y encima no satisface la sed.

Se empeñó en demostrar irrefutablemente este hecho pero la comunidad científica no lo tomaba en serio por lo que decidió demostrar la teoría por sí mismo.

Se compró una Zodiac , la típica de 15 pies, la armó de una pequeña vela de 3 m2 ( la de un Optimist) al tercio y decidió zarpar de Mónaco a las Baleares a acompañado de un marinero que lo ayudase en la navegación y de paso fuese un notario del experimento.

Naturalmente nadie acudió a su llamada y a última hora se presentó un vagabundo inglés, un tal Jack Palmer, que se decía hombre de mar ya que incluso había visto incluso a "Moby Dyck" una enorme ballena albina de al menos 100 pies, pero que ponía una condición para embarcarse : que se subiera a bordo una caja de víveres y agua dulce "por si acaso" con lo que demostró que no estaba tan loco demostrando más tarde que era un extraordinario navegante.




Irónicamente bautizó al neumático con el nombre de L´Héretique (El Hereje) y el 25 de mayo de 1952 zarparon a la aventura.



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teteluis (07-11-2011)