Re: Solitarios: Un navegante solo ... como un perro solo.
Bedmar...!
Gracias a Ventarrón por traer a la memoria al que ha sido, probablemente, el más impactante navegante que ha cruzado el umbral de LTP. Allá por el 2005 nos asombraba con su conocimiento preciso y exhaustivo del arte y de la técnica que conforman la navegación a vela. Su relación con el mar también destilaba de él un pensamiento filosófico y poético del que nos dejó algún escrito como el aportado por el iniciador de este hilo.
Tengo yo también el gusto de aportar otra parte de lo que escribió en este foro sobre el navegante solitario:
En la antesala de lo real, aguardan su turno la esperanza, la imaginación y los sueños, como un ejército que ganara batallas sin disparar, por su presencia sola; persuadido de la certeza en el resultado final, ignora el terreno sinuoso, sus valles y barrancos, las servidumbres que exige, por que la mera acción resolverá cualquier contratiempo.
Un solitario navegando, se asemeja, al comienzo de su singladura, a ese ejército fatuo cautivado por su propia imagen, inconsciente de la multiplicidad de seres que alberga, y que el océano, en el desgaste interminable de esa apariencia, revelará en su naturaleza íntima. Llegada la hora de partir, ¿será demasiado tarde para tener ojos capaces de ver el mundo?, para poner la mano sobre un animal carnal o una tierra ajena, para vivir de pronto una jornada tal que le habría asegurado que la vida en general, no es el sueño irremediable de sus viejos desiertos. Se dirige a tientas hacia un descubrimiento, una invención sustancial, que ni siquiera desea con claridad, porque su vigilia es una sombra negra de deseos sin nombre, como un perro, un cuchillo, un dios.
Al poco tiempo de comenzar la batalla, la fe en su poder, las estrategias largamente analizadas, las convicciones profundas, desaparecen, de tal manera que la pugna se torna interior. Lenta, inevitablemente, sustituye a Kaváfis por Sísifo. Ahora el enemigo, grande o pequeño, entrevisto sospechado, es él mismo.
Navegando esta fuera de alcance, se siente, materialmente, invulnerable. No buscar el mediodía a las dos de la tarde, no tener que saludar a los vecinos, significa haber perdido el armazón del antiguo espíritu, que habrá que reemplazar por otro porque el cuerpo no puede vivir sin esqueleto.
La geometría del barco sustituye a los edificios, las calles, las carreteras y caminos. El armazón del espíritu es la jarcia y las velas, el palo y los cabos, un protoplasma, los cofres, los enseres de limpieza y abrigo,
máquinas, apariciones invisibles, formas que se tocan, susurros, ruidos y sonidos, dotados de una entidad nueva, la esencia misma de las cosas, como los piñones de un winche engarzados profundamente ante la carga, la rotunda
frialdad de los metales pulidos, las fibras de madera en contacto con la piel.
La mar es el limbo, el olvido, la respiración adormecida, una atmósfera voluptuosa, fantasmas en los rincones, el gran espíritu ausente de Lovry observa la escena desde un estante de libros. Mientras, soñará con las sirenas jugando en los entresijos de las olas, en todos los escondites de la espuma, y también acuden los Lotófagos y Nausica, hasta Circe y sus maravillosos encantos. Imposible oír a las maquinas parlantes que son la familia, o dar los buenos días a las personas con las que practicaba un intercambio de cólera, desconfianza e hipocresía.
Dormita: las ideas, los presentimientos, gastados hasta en su trama, las astucias vinculadas a las separaciones se hunden como los últimos islotes de la Atlántida en el fondo de una distancia que no tendría el coraje de franquear dos veces. Y finalmente, nadie para reprobar las omisiones y las ausencias, olvidado el hogar, las obligaciones cívicas y fraternales. Prescinde del habla, a favor de la escritura. El discurso del solitario se torna, por falta de uso, entrecortado, de cadencia monótona, incómodo. Pierde habilidades sociales en el contacto con los otros; ellas,
Advierten la distancia a la primera mirada, prevenidas desde el origen contra aquellos que soslayan los afectos, los que no desean poseer ni ser poseídos. No abandonará su proyecto para encontrar el amor mismo; las mujeres le están
vedadas porque ellas no recorren los mares; ligadas y pacientes, moviéndose apenas, persiguen acciones profundas, de las que, a veces, no saben nada. Alguna vez duerme con la que tiene al alcance de la mano, casualmente perturbada, pero no le seguirá, demasiado absorbida por sus tareas eternas. No hay entrega, solo usufructo de cuerpos hostiles. Susceptible y sensibilizado a otras presencias, ignora a los que desvalorizan sus meritos. Parecería que, en algún momento de su vida, quizá cuando vio la luz por primera vez, un ser todopoderoso lanzó una moneda al aire para decidir su destino y salió cruz (Solitario: vuélvete cada vez más sabio y tembloroso, enfermo de la agitación de tu mal. No solucionarás nada repitiendo que eres libre, que la libertad no te será negada. La libertad de los mares es totalmente imaginaria: semejante porque se la compara con la horrible esclavitud que precedía a la mar. Pero es esto: licencia para realizar ciertos movimientos físicos, no más obligación de gestos deseados por otros.
El navegante es como los demás, impulsados en todas partes por fuerzas que ningún objeto logra satisfacer, por el amor sin amante, la amistad sin amigo, la carrera sin trayectoria, el motor sin movimiento, la fuerza sin actualidad; no hay objeto, deseo, oportunidad: ya es hora de abandonar el estoicismo, no tendrás paraíso en el que recuperar tu tiempo).
Besos y así
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Be water, my friend...
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