Voy a seguir el relato rápidamente, que os conozco, y vais a hacer categoría de la anécdota del mosquito y el pito. Si es que...
Día 1:
Bueno, pues llega el día. Había contratado un patrón para media jornada. Posiblemente alguien lo considere un exceso de prudencia, pero quería que me explicaran un poco ese barco, ese amarre, y navegar un poco con él. Con que pasadas las diez llega, se llama Alex. Repaso con él cuatro cositas, les pongo los chalecos a mi tripulación y desamarramos, damos la vuelta dentro del mismo puerto y practicamos un par de veces el amarre y desamarre, involucrando a la Almiranta en las maniobras. Para practicar algo nuevo, a instancia mía, amarro en la gasolinera y allí empiezan los fallos. El más grave, a la hora de desamarrar. El viento no es muy fuerte, pero me empuja contra el amarre, con que en el primer intento que hago para salir lo único que hago es “arrastrar” el barco por el amarre, sin acabar de despegar la proa. Paramos, colleja dialéctica del patrón y a la segunda, después de dar un buen empujón al amarre para separarnos antes de virar el timón, conseguimos salir. Rumbo a la bocana. “Sepárate más, ¿no ves los muertos?” “Coge el centro del canal, sepárate de esas rocas” “Cuida con los hilos de los pescadores” “No te preocupes por ese pesquero, ya maniobrará él”
Así llegamos a la bocana, la verdad es que es inmensa. Cabría el Titanic al cruzado. Bueno, casi. A estas alturas, el patrón ya había quitado las defensas, y yo ya había abierto la cremallera del lazy bag en el amarre, con que nos disponemos a izar la mayor.
Pongo punto muerto: colleja. Hay que llevar un punto de velocidad para gobernar. Había más mar de la que yo hubiera querido, un mar de fondo no muy fuerte, pero sí algo molesto. Encargamos a mi Almiranta de aproarse al viento (¿aproarse, qué demonios es eso?) Compruebo cuál es la driza de la mayor, que está pasada por su sitio en el piano, dejo a mano la maneta del winche, paso el cabo por él y cuando consigue aproarse comienzo a tirar. Cuando veo que va un poco duro coloco la maneta pero le digo al patrón que creo que ocurre algo, que no debería de ir tan duro. Revisa y, efectivamente, había un pequeño lío con los cabos del amantillo y el rizo. Cuando lo deshace, va como la seda. La botavara, en la línea de crujía.
Libero el winche, pues voy a sacar el Génova en la misma banda, a babor. Compruebo cuál es el cabo del enrollador para dejarlo libre, paso por el winche el cabo del Génova y tiro. Va muy suave, lo dejo bastante cazado. Un momento después, el motor en punto muerto. El barco se mantiene en unos 3,5-4 nuditos. Alex baja a apagar el motor, et voilá: estamos navegando a vela.
Así estaríamos como dos horas, error tras error. Yo no acababa de coger el tino a la caña, cuando quería orzar arribaba y viceversa. Una vez tras otra perdía arrancada con mi torpeza. A todo esto, mi grumete (¿os he dicho que tiene 5 añitos?) se ha quedado completamente dormido en la bañera, atravesado delante del tambucho Así estaría dos horas.. La Almiranta, expectante pero relajada. Hacemos un par de borditos, Alex instruye a mi Almiranta para que maneje el timón mientras yo largo escota de una banda y cazo la otra. Sin problemas.
Cuando se hace hora de volver, de nuevo la caña a la jefa mientras yo recojo Génova. Pero mientras hacíamos esto dos pescadores que iban en un barco devencijado soltando palangre, viéndonos pero a lo suyo, nos cortan la proa a un palmo de nuestras narices, la Almiranta se pone nerviosa y acabamos cogiendo una de las boyas, no nos enredamos de milagro. El patrón mientras tiraba de ella para soltarla juraba en arameo (o en catalán, no lo sé), sólo alcancé a entenderle:”burrus”, que debe de ser un insulto muy gordo por la expresión de su cara.
Cuando se calma un poco le propongo arriar la mayor y me dice que mejor dentro de puerto, ante mi extrañeza me dice que está permitido, y lo hacemos en un gran muelle de carga en el que no había nadie. Mientras yo lasco la driza él la baja ordenadamente. Cerramos la cremallera, retomo el timón y amarramos sin más novedad.
Acude también el armador (Jordi) y estamos un rato comentando y riendo, me animan, me mienten amablemente diciendo que lo he hecho muy bien, y se van. Hora de comer.
Mientras se cuecen los espaguetis, yo también lo hago. ¡El calor que se acumula ahí dentro! Tras colarlos los mezclo con un bote de aliño del metadona (ricotta e pomodoro), preparamos una ensaladita y comemos, razonablemente bien. Después vino el fregado, lo cual no voy a repetir, el que quiera ir al circo que pague entrada. Sin siquiera comer el postre me quedo amodorrado sentado en cubierta, recostado en la entrada del tambucho.
Pero después, ¡qué mal lo pasé! Estaba muerto, no había manera de despertarme. No sé si os ha pasado alguna vez, querer despertarte y no poder, el cuerpo no responde, y sentir cansancio en ¡todos! los músculos del cuerpo. Así estuve un montón de rato. Creo que se me vino encima de golpe el cansancio de varias semanas acumuladas y, sobre todo, el estrés.No veo otra explicación. Poco a poco me fui recuperando y salimos a tomar un café para reponerme, pero ya apenas nos quedó tiempo para hacer otro par de prácticas de amarre hasta que se fue el sol.
Este fue el primer día. En el cuerpo me quedó una sensación de torpeza. Con el patrón, navegando, no daba pie con bolo, pero es que incluso por la tarde, desamarrando, me sentí un completo desastre. En fin espero que vengan días mejores. Cenita y a dormir.O a intentarlo. Para mañana tengo un plan…
