Ver mensaje
  #34  
Antiguo 07-11-2011, 10:08
Avatar de anboro
anboro anboro esta desconectado
Corsario
 
Registrado: 07-05-2007
Edad: 77
Mensajes: 1,031
Agradecimientos que ha otorgado: 217
Recibió 3,619 Agradecimientos en 514 Mensajes
Sexo:
Predeterminado Re: Cruzar océanos en barquichuelos

Hola a tod@s

Habréis visto que aquí sólo hemos hablado de esforzados e inquietos navegantes y que tímidamente, sólo a veces, aparecen sus esposas.

En aquellos tiempos la misoginia aventurera estaba de moda pero hubo una mujer que la rompió aunque hubo que esperar hasta 1914 para que naciera Ann Davinson que a sus 35 años cruzó por primera vez en solitario el Atlántico en un barcucho de 23 pies.

Su vida, llena de aventuras, es infelizmente ignorada pero tiene suerte los que tengan interés en conocerla ya que también fue (murió de cáncer en 1990) una excelente escritora autobiográfica.

Lo cierto es que ella siempre fue una polvorilla y eso de conducir coches rápidamente o montar caballos salvajes o volar (fue una de las pocas en tener licencia de aviador comercial en la década de los 30 en el Reino Unido) era cosa suya y precisamente se casó con un aviador con el que trabajó en la aviación comercial y dando instrucción a los futuros pilotos británicos durante la II GM.

Siempre se ha dicho que volar y navegar están unidos de la mano y para Frank Davinson, su marido, navegar en la mar era su obsesión y dedicaba todo el dinero que podían ahorrar para cumplir su ilusión : comprarse un barco.

Un día descubrieron en Fletwood un precioso motovelero de 70 pies llamado Reliance.

Se enamoraron de él sin tener en cuenta su lamentable estado y lo compraron.

Después de dos años de intensos trabajos, el barco todavía no estaba listo y estaban empeñados hasta las cejas.

Se enteran que el barco, su querido barco al que tanto habían mimado, va a ser embargado y deciden escaparse con la intención de cruzar de Atlántico y establecerse en Cuba hasta que las cosas se hubiesen aclarado ; pero no tuvieron en cuenta que, a pesar de sus esfuerzos ,el barco no estaba arranchado para la travesía, tenían dudas de qué rumbo coger, no se aclaraban con la maniobra abrumados por el tamaño del barco y la primera en la frente : les cogió un vendaval que los arrastró hasta el Mar de Irlanda ,no pidieron ayuda ni optaron por refugiarse en algún puerto por temor a que les quitasen el barco y estuvieron vagando por el Canal Inglés para que al final el temporal terminase por arrojarlos contra los acantilados de Portland Bill destrozando el barco.


Frank se ahogó en las gélidas aguas y Ann consiguió llegar a tierra a duras
penas después de pasar 14 horas en la balsa salvavidas.

Después de esta tragedia Ann le echó bemoles a la vida y su meta fue la de conseguir terminar el viaje que el destino le había truncado.

Trabajó, vendió su patrimonio, pagó sus deudas, pero en su mente estaba grabado con fuego lo de cruzar algún día en solitario el océano que le había vencido y se había llevado su marido.

En el astillero Cremyll en Cornwall, abandonado y a medio construir estaba el pequeño balandro de 7 metros que respondía al nombre de Peter Piper que Mashfords Brothers Ltd. había diseñado y que desde 1939, II GM por medio, dormía el sueño de los justos hasta que en 1949 lo terminó de armar para su comprador que lo quería para navegarlo en Noruega.

Este sería el barco con el que Ann intentaría cruzar el Atlántico porque, lo que es el destino, a primeros de 1952 el armador todavía no se había decidido por llevarlo a Noruega y como no lo tenía claro lo puso a la venta y Ann por su parte, decidió efectuar su íntimo reto en junio de 1952 con lo que el Peter Piper se transformó en Felicity Ann por medio de una transacción comercial.




Preparó el barco según las especificaciones que le dictó la experiencia de Humphrey Barton ,que cruzó el Atlántico de este a oeste ,como la instalación de líneas de vida, púlpitos, elevar las brazolas de la cabina y reducir la superficie velica, con lo que rediseñó la botavara y el mástil.

El 18 de mayo de 1952 zarpó de Plymouth rumbo a las islas Madeira.
Aclarémonos, ella no sabía navegar propiamente. Unos paseítos por la costa; en fín lo que hace el navegante "dominguero" que si hace mal tiempo se va chutando para el puerto.

Su mayor navegada fue la infausta con el Reliance por lo que pienso que su reto fue mayor.

Lo de manejar el sextante lo tenía aprendido con alfileres y en esos primeros días se pasaba el día practicando las lecciones de navegación que apresuradamente había tomado ya que se dio cuenta tarde que no es lo mismo navegar por el aire que por mar.

Al cuarto día, el destino se acordó de ella y comenzó a manejar la mar y el viento; al quinto descubre con terror que ,en medio de la tormenta, el barco estaba medio lleno de agua y las bombas de achique no funcionaban y se quedó paralizada. No se le ocurrió investigar que pasaba, porqué entraba el agua y porque no funcionaban las bombas.

Al fin la suerte le echó una mano y un barco de pesca que por allí pasaba la auxilió y remolcó al puerto francés de Douarnenez.





Una vez repuesta, optó seguir por recorridos menores mientras se hacía con el barco y la comida. Su próxima etapa la Ría de Vigo a 300 millas de distancia.

Su entrada fue antológica; blandiendo una sartén a modo de gong para señalar su presencia en la niebla y con dos banderas izadas en la misma driza: la Q y la G que juntas significan: Envíen cuantas embarcaciones de salvamento tengan disponibles, pero que separadas, que es lo que ella quería comunicar, serían: Mi buque está "sano" y pido libre platica la una y la otra Necesito practico.

Los mentideros de Vigo recordarán la bienvenida a la esta insólita navegante.

El siguiente salto fue hasta Gibraltar que hizo en 19 días sin complicaciones aunque sin sacar el máximo rendimiento a las velas.

Vuelta al oeste a Casablanca (y allí coincide con otro protagonista de nuestro hilo, Alain Bombard, pues los dos, por once días, están efectuando su personal odisea) para pasar a las Canarias y desde allí poner ruta a la Indias Occidentales.

Pero ahora viene lo contario. ¿Quién se puede imaginar que para navegar las míseras 160 millas que separa Casablanca de las Canarias sea necesario navegar 29 días?

Pues Ann sufrió esa invitación permanente a que los escaramujos crezcan en tu casco y que días tras días veas los mismos pececitos a rayas nadar a la sombra de la vela, como si estuviesen en una pecera, o que el mismo palito que tirases por la borda por la mañana estuviese al caer la noche en el mismo sitio.

Esa soledad que envuelve al silencio virgen, donde el más leve sonido que produces parece un trueno y que crees que eres el único ser humano del planeta hay que soportarlo y muchos navegantes de barquichuelos han padecido más que las rudas tempestades.

Ann lo soportó trabajando. Reestructuró el equipo, remendó las velas (aunque su arte velero dejaba mucho que desear), limpió las defensas manchadas por el gasoil del muelle de Gibraltar…en fin tantas cosas que sabéis que se pueden hacer en un barco para entretenerse permanentemente.

Al fín llegó a Las Palmas donde preparó el barco para el salto definitivo, Lo hizo el 20 de noviembre.


Hubo lances de todo tipo en el cruce, perfectamente pormenorizado en su obra autobiográfica, y cuenta que como no tenía ningún sistema de auto gobierno permanecía las noches al raso cuando navegaba en ruta comercial o que enfermó de disentería y se atiborraba de benzedrina y empezó a ver doble con el ojo derecho, o que desde el 14 de diciembre hasta el 5 de enero en una zona ( 19º N) apareció donde generalmente se encuentran los estables vientos alisios apareció un caprichoso doldrum que mantuvo a su barco desespera mente inmóvil.

Totalmente agotada vio pasar ante sus ojos una isla , que en su delirio pensó que era Granada, aunque realmente era Santa Lucía, que no pudo alcanzar ya que no atinó con la maniobra.

Finalmente , el 24 de enero, fue capaz de llegar a la bahía de Prince Albert en Dominica, donde incluso fondeó con las últimas fuerzas que le quedaban.

Tras reponerse,terca, embarcó de nuevo en su Felicity Ann (FA como ella lo llamaba) para continuar su viaje hacia Florida para llegar finalmente a Nueva York.



A los que les ha gustado el personaje y quieran saber más de sus andanzas les sugiero que lean sus libros.

Escribió cinco libros donde por memoriza su vida pero dejando un cierto aire de misterio.

Desgraciadamente no están traducidos al español, sólo hay una referencia literaria suya extraída de su tercer libro My Ship Is So Small (donde narra los detalles de este primer cruce en solitario del Atlántico de una mujer) en el libro de Sir Francis Chichester Siguiendo la ruta de los Clipers.


-----------------------------------------------


PS.
Después de esta aventura el FA fue vendido y pasó por varias manos hasta dejarlo en completo abandono.





Hasta que tuvo la suerte de llegar a las manos de dos maestras de Anchorage, amantes de los barcos de madera, que lo estaban restaurando.

Una de ellas murió y la otra no podía seguir el proyecto y lo puso otra vez a la venta.

Afortunadamente el histórico barco fue comprado por John Haines, un magistrado de Hutchins que había leído el libro de Ann.

"Este barco es un personaje en el libro, dijo, más que un barco es un personaje real"

Donó el barco a una escuela de vela donde lo están restaurando

http://www.flickr.com/photos/magpie/...n/photostream/

para que sirva de referencia histórica.

SaludosAndrés
 
__________________
<i><b>N<font size=2>ihil novum sub sole</font></b></i>
Citar y responder
5 Cofrades agradecieron a anboro este mensaje:
ABV (20-11-2011), ANTARTIC (16-11-2011), LitianAnders (11-11-2011), tachi (28-07-2012), teteluis (07-11-2011)