
En mi opinión no es comparable la ascensión al Everest, o cualquiera de los otros 8 mil, a la naútica deportiva en la práctica general. Podría compararse a cierto tipo de regatas... que nada tienn que ver con la filosofía del navegante de recreo.
Lo 8 mil son auténticas "minas o sepulturas de oro" por los intereses que las rodean.
En cambio, en cualquier otra montaña, seguro que el aplinista de recreo renuncia a su cima para salvar a cualquiera, incluso expone su seguridad para devlver un cadáver a su familia. Millones de ejemplos tenemos en nuestras codilleras.
Este alpinista de recreo, sin reglamentaciones estrictas como la náutica, creo sí es equiparable al navegante de recreo, solidario, prudente, abnegado, osado sin temeridad, generoso.
Salud y buena mar.