Nadie lo decía, pero a todos nos costaba horrores empezar el camino de vuelta. Sabíamos que dejábamos atrás sensaciones únicas que dificilmente volveríamos a tener hasta el año que viene. Así que la salida se demoró bastante. A las 17:00 pasábamos Fornelli y arumbábamos a Mahón.
Hacía un día precioso y teníamos poco viento del NNE, así que genaker arriba y a disfrutar.
Soltamos la rapala por popa y nos dejamos llevar. Sobre las 7 el atún vino presto a la cita. Por suerte, habíamos previsto con la tripulación como reaccionar en caso de picada para quitar el Genaker y todo se desarrolló rápido y bién.
El bicho era más pequeño que el pescado a la ida, pero no estaba mal. Su sabor no era tan bueno, yo no entiendo de especies, pero mi paladar no disfrutó igual.
Preparamos cena Japonesa y algo de atún marinado:
Aunque estuvo buena, una cena con sabores poco usuales no es lo más recomendable para una travesía. A esas horas el mar empezaba a moverse y los platos se mantenían sobre la mesa a duras penas. Nadie se mareó, pero seguro que a más de uno le faltó poco.
Así se veían los núcleos nubosos por la aleta esa tarde:
Durante la cena manteníamos una vigilancia cada 5 minutos, y era bastante constante debido a los resplandores de los rayos que se veían. Por popa y por la aleta de babor había unas enormes masas nubosas que no paraban de centellear. Con ayuda de la luna, fuimos viendo formarse nucleos tormentosos por el costado de babor. Primero por la aleta, luego varios por el través y finalmente uno por la amura de babor. Algunos de los núcleos se desarrollaban de la nada en 2 horas y se mantenían centelleantes. Como medida de precaución redujimos un poco la mayor y dejamos el génova entero. Navegábamos con vientos de 20 nudos reales por la aleta y la falta de mayor nos quitaba medio nudo, pero yo iba más tranquilo ya que el cielo parecía la feria. Cuando vimos las primeras nubes por proa dimos 10 y luego 20 grados a estribor. La luna ya estaba por estribor nuestro, y las nubes se distinguían muy bién a cotraluz. Entonces aparecieron las primeras nubes en la luna. Las vimos cuando solo eran dos jirones bajos que enmarcaban la luna, pero no cabía duda. Nos lo íbamos a comer. Se desarrolló a una velocidad vertiginosa. En una hora pasó de no ser nada amenazador a montarse un cumulonimbo alto, muy alto y centelleante. Estábamos rodeados. Todo el horizonte desde la popa hasta la amura de estribor estaba tomado por masas nubosas que se iluminaban. Sinceramente, como espectáculo era precioso. Dimos 10 grados más a estribor para ver si nos tocaba la loto y pasaba de largo, pero no fué así. Siguió creciendo. Me dí cuenta de que lo único que me quedaba era decidir por donde pasábamos aquel muro de nubes. Dí 40º a babor y arrumbamos a una zona en la que veíamos menos rayos. Al hacerlo el aparente se redujo y al acercarnos a las tormentas y empezar a oir los rayos, hubo una bajada de viento. Aprovechamos para enrollar más la mayor. La dejamos como con un 3er rizo. Quitamos génova, arrancamos motor y dejamos caer el agua. Solo fué eso, agua. No hubo golpe de viento y el agua calmó algo el mar.
Al salir de la lluvia el cielo mantuvo algunas nubes bajas y muchas medias, con lo que la inestabilidad no parecía haber acabado. Por suerte no soltamos más mayor, y una vez que el viento se estableció del ENE y 25 nudos reales, amollamos de nuevo el génova y navegamos a la francesa. Llevabamos mar y viento de popa así que la media de velocidad superaba los 8 nudos. Así estuvimos desde el amanecer hasta pasado mediodía, cuando el viento y el mar aumentaron algo y dimos un par de vueltas al enrrollador de génova. El asunto se estableció en fuerza 6, pero de tanto en cuanto llegábamos a 7 y yo temía que aumentara.
Durante la mañana vino nuestro 8º pasajero, que no era un alien, sinó Jacinto. Un precioso pajarillo que primero nos tenía respeto, pero acabó posándose en el dedo de una tripu. Nos acompañó hasta dentro de Mahón, y nos hizo mucha compañia:
La comida fué incómoda, pues el mar había crecido y algunas olas de 2 metros mareaban al piloto. Fuera, casi con las manos, comimos unas rajas de pollo relleno cocido envasado al vacío. El regusto de los conservantes nos acompañaría un rato. Por suerte la tripulación aguantó bién.
Sobre las 16:00 el viento aparente aumentó: 25, 28, 30, 35, 37 nudos.... Susto. Orzada de campeonato. Habíamos dejado el cabo del enrollador montado en el winche, con lo que reducir trapo fué sencillo. La mayor estaba ya muy rizada. Tardé unos minutos en acostumbrarme a la nueva situación. Arrqnqué el motor y le dí un poco de marcha. Mandé a 4 tripulantes dentro. Fuera solo 2 y yo. Los tres con arnés, los tres atados. Una vez regulado el trapo, aquello estaba más o menos controlado. Pero el mar crecía y crecía. Todas las olas tenían 2 metros, había algunas de 3. Las planeadas eran de escándalo. Muchas olas nos porpulsaban con valores de 2 cifras. El agua hacía mucho ruido. Había leído que en un temporal llama la atención el ruido, y es cierto. Las drizas martilleaban a un volumen sorprendente, el viento silbaba en la jarcia. Algunas olas rompían.
Calculé que nos quedaban 5 horas a Mahón. como venía de popa redonda no podíamos hacer rumbo directo. Pero lo compensábamos con la velocidad. Aprendí que para evitar las olas, la velocidad es seguridad. Navegábamos por encima de los 9 nudos. Hicimos la planeada record del barco: 12,7kn de GPS.
Parece mentira, pero a todo te haces. Navegábamos con fuerza 8 y rachas de 9, pero aguantábamos bién. Ibamos secos y eso ayuda mucho. Poco a poco fuí dejando a la tripulación asomarse a la bañera y al final íbamos todos juntos. Timoneaba yo, ya que el piloto me obligaba a abrir algo más el viento y cojía peor las olas. De tanto en cuanto descansaba unos minutos y volvía a ello. Acabé reventado.
Mi preocupación pasó a ser la entrada a Mahón. El viento era del ENE y Mahón se abre al Este. Confiaba en que la Mola haría bajar el mar, porque aquello siguió aumentando. Al entrar en la plataforma continental y empezar a tener lecturas de sonda las olas crecieron. Muchas nos tapaban el horizonte, algunas tenían 4 metros, quizá algunas más. Intento no exagerar, estuvimos discutiendo sobre como calcular la altura.
A la tripulación, una vez avistada Menorca le dió por ponerse graciosa y hablar de que hacemos si nos hundimos... Que si la plastimo por aquí (balsa) que si las bengalas... Consiguieron ponerme nervioso, pero como ya había gritado más de la cuanta y se habían portado fenomenal me callé. Además eso demostraba que estaban tranquilos, que no tenían ni pizca de miedo. El único que estaba preocupado era yo,e intentaba que no se me notara.
Avistar el Rojo de la bocana todavía con luz fué una liberación. Luego ví un verde. La tripulación me preguntó si no teníamos que apuntar entre las dos y algo mosca contesté: Eso intento!! Las olas se ponían más verticales, teníamos la proa en una y la popa en otra. Cuando estábamos en la cresta yo miraba hacia la bocana en busca de algún signo de que allí mejorara. Por lo menos no se veía ninguna rompiente. poco a poco nos acercamos a la mola, y cuando dejamos el faro por el través notamos que el mar amainaba algo. Mis preocupaciones fueron infundadas, Mahón está bién señalizado y bién protejido. Cuando pasamos entre las primeras boyas roya y verde la tripu me aplaudió y tengo que decir que me sentí conmovido. Estaba exausto, puse el piloto y pedí una cerceza. Estábamos dentro. En ese momento me acordé del foro y del Post de Mi primera F8. Dentro del puerto era noche cerrada.
Sorprendentemente en el interior del puerto había 15 nudos menos de viento. Amarramos en el primer hueco que encontramos. En un pantalán flotante del Marítim. Ducha de agua caliente en el barco, cambio de ropa y a tierra a cenar. Estaba reventado, pero comí como un jabato. Un par o tres de pomadas y al sobre. Que bien se duerme despues de un temporal.
