Séte
Partimos de port Gardian temprano, nos esperan 30 millas.
El parte anuncia un día de sol y moscas, de manera que hoy vamos a tener que usar la batidora todo el día. Poco trabajo en el barco…
Sin comentarios:
Llegamos a Sète a primera hora de la tarde, después de una travesía aburrida a motor. Entramos por la bocana sur de su enorme puerto industrial, puesto que el pequeño puerto de recreo está ubicado allí.
Siguiendo las indicaciones que tenemos, amarramos en el primer sitio libre que vemos. Nadie viene a recibirnos, de hecho, no vemos a nadie por ningún lado, éste parece hoy un puerto fantasma.
Para agravar lo desangelado del momento, hay por todo el puerto –luego sabremos que por buena parte de la ciudad- un penetrante olor a pescado podrido, típico de los puertos con intensa actividad pesquera, que no nos abandonará durante toda la estancia.
Visitamos capitanía para comprobar que sí hay alguien el el puerto, y que sí nos habían visto amarrar. 24 €
Al final de la tarde salimos a pasear por la ciudad. Aunque los franceses, siguiendo su habitual facilidad de auto-promoción, nombran a esta ciudad la “venecia francesa”, por la cantidad de canales que contiene, a mí se me antoja muy lejos del glamour de la venecia original.
La distracción turística aquí parece ser embarcarse en ferries para visitar los “etangs” adyacentes a la ciudad, y sus factorías de “moules” y demás moluscos. Según nos cuentan, esta es la base además, para iniciar la travesía med-atlántica de Francia a través de sus canales.
De noche, el aspecto del puerto parece mejorar…
Lo que sí me parece impresionante es observar la flota pesquera. De hecho Séte es el puerto pesquero más importante del mediterráneo francés. Viendo estos monstruos flotantes uno no puede extrañarse de que hayamos acabado con los recursos de nuestro med.