Port Vendrés
Decidimos hacer otra buena singladura (unas 60 millas) y saltar directamente a la costa brava francesa, que ellos llaman costa “rouge”, que es lo que realmente nos apetece.
Queremos volver a visitar Colliure, pero como es materialmente imposible fondear cerca (existen una docena de boyas, imposibles en verano), ponemos proa a Port Vendres, a dos millas escasas de Colliure, y a veinte minutos caminando.
Durante las primera millas nos “distraemos” esquivando una serie de palangres i pequeñas barcas de pescadores. Los hay con tal densidad, que a ratos se hace complicado decidir por donde es mejor pasar. Al final, nos vamos un par de millas mar adentro para poder navegar con tranquilidad. Admito que, más tarde, consultando las cartas en detalle, la zona estaba señalizada (no se puede bajar la guardia!!!).
A partir de media travesía nos entra algo de viento que nos permite izar velas y llegar a p. vendrés con una buena media, por la tarde.
A nuestra llegada, un marinero nos asigna un amarre de 14 mts. nos cobran 32€ –el más caro hasta ahora-, será que ya nos acercamos a España? Este será el último puerto francés en el que estaremos. Pasaremos dos noches aquí, y aprovecharemos para visitar la zona tranqulamente.
Colliure, aunque esté repleta de turistas, y además, en fiestas locales, no nos decepciona. Otro sitio al que hay que volver en temporada baja para disfrutarlo como se merece. Nos movemos a pie, y disfrutamos de cada una de las pequeñas calas que encontramos en el recorrido.
Pequeñas calles estrechas pero muy decoradas con colores vivos y flores; ambiente de artistas y pintores, llaüds con velas latinas en el pequeño puerto... Un lugar delicioso, sin más.
De acuerdo, lo admito: a la vuelta nos fuimos en el trenecito turístico. Y además admito que me encantó: el bicho se mete por caminos rurales, entre los viñedos talados a mano en las pendientes que llegan casi hasta la orilla del mar. Las explicaciones también cuentan detalles interesantes de la zona: Existen pequeñas torres en muchas cimas de las montañas colindantes. En su origen su función era establecer comunicaciones entre ciudades importantes. Así, un mensaje, podía viajar de Barcelona a Carcassone en tres horas, mientras que un jinete tardaba dos días!!!! Telecomunicaciones en estado puro....
