Para mi el problema no es ni siquiera la distinción entre miedo, respeto o pánico. tiene que ver con la acción y reacción.
Poco importa el miedo que pasemos, lo meritorio es saber superarlo y para mi es tan valiente el que se atreve a adentrarse en una pequeña embarcación sin cubierta, el jubilado que sale en su chalana, o un tipo bien preparado en un remolcador de altura. si acaso, es más valiente, el que sin tener experiencia supera su temor después de leer y escuchar todas las cautelas de los expertos, que el inconsciente que por desconocimiento del peligro se mete en cualquier fregado.
Para mi la diferencia es aquel que se encuentra el miedo en el advenir, en la sorpresa del camino, o el que incluso lo busca no tanto por masoquismo sino por contarlo, pues disfruta más con contar a los amigos que en navegar.
Yo he conocido comportamientos de todo tipo. incluso alguno que al salir de puerto, se metía en la litera medio difunto hasta resucitar en la entrada al puerto de destino. curiosamente era el que más contaba.*
No me entendáis mal, no critico a los que habéis contado aquí vuestras experiencias. Yo también lo he hecho, pero lo importante no es saber si superamos el miedo, si la experiencia fue más o menos dura que la de otros, *sino aprender de otros navegantes. Creo sinceramente que la visualización de estas situaciones pasadas por personas ajenas, nos ayuda a mejorar como marineros.*
Y siempre que saldo, *yo pienso que no tengo que demostrar nada: ser el más valiente, el que más océanos ha atravesado, doblado cabos míticos o cogido temporales, mas que nadie. en ese momento seré reactivo. No lo haré por mi mismo, sino por los demás o para superar a los demás. Estoy hablando de crucero, no de regata ni de competición.*
Cuando haces crucero (y regata de altura) es inevitable pillar de todo. Bueno, malo, regular y muy malo. *
Al principio, sinceramente volar me daba miedo. poco a poco creo que me he adaptado. después de pasar una larga temporada en el mar, por ejemplo no podía ponerme los zapatos después de pasarme meses siempre descalzo. poco a poco me fui adaptando. después de tanto tiempo en el mar, donde en una planeada a todo trapo, aunque solo sea a doce nudos, *nos parece que volamos, recuerdo que me llevaron en coche por una autopista a ciento veinte. pedí por favor que redujeran la velocidad porque estaba sintiendo verdadero pánico.
Hasta -dicen- que en la guerra, se aprende a vivir bajo los bombardeos, la capacidad del ser humano para adaptarse a las situaciones más adversas es admirable. en mi mismo -y solo soy un patrón mediocre- lo he comprobado.
Os puedo asegurar que después de un tiempo, en la situación que ahora os pueda parecer dura o atemorizadora, estaréis sintiendo una felicidad plena. Navegando en solitario, haciendo transporte, confieso que le saqué las barbas a algún casco, un poco por aburrimiento, un poco para sentirme vivo con un poco de adrenalina. ahora cuando lo pienso desde mi cómodo sillón al calor de una chimenea, creo que tengo más miedo que cuando gritaba como un loco, pletorico y felíz mientras pinchaba olas.
Un abrazo.


