Un hombre se acerca a un cofesionario.
El cura, mientras saca una petaca para liar un cigarrillo (en esa época no estaba prohibido

) le dice: "Hijo mío, ¿has pecado?"
Contesta: "Si, padre. Por cierto; que petaca más bonita. ¿Me la regala?"
El cura: "Bueno, hijo mío, déjate de petacas y dime tus pecados"
El penitente: "Bueno pues... ¡Oiga, que bonita es la petaca! ¿Por qué no me la regala?"
El cura: "Venga, venga; confiésate y déjate de petacas"
El penitente: "Bueno pues... ¡Pero padre, es que es tan bonita! ¿Por qué no me la regala?"
Y así innumerables veces...
Total, que el cura acaba diciendo:
"Toma la petaca de los c*jones y déjame en paz". Hala, tus pecados te son perdonados.
.......................
Pasados unos días, el mismo cura recibe en el confesionario a una mujer.
Ella le dice: "Padre, mi novio me hace proposiciones deshonestas".
El cura responde: "No, hija mía, debes mantenerte pura hasta el matrimonio"
Ella: "Pero padre, es que mi novio no hace más que insistir".
El cura: "Debes mantenerte fuerte, hija mía... Por cierto, ¿quien es tu novio?"
Ella: "Es el Eufrasio, el hijo de la tía Pascasia"
El cura: "¡EL DE LA PETACA!. Hija mía, date por j*dida"
Pues eso. Como el de la petaca.
