Muy bonito y bien contado.
Bueno, yo al niño no lo tenía enterrado, sino engañado y distraido con cosas "serias" de adulto.
Qué bonito es navegar sólo por primera vez en tu barco y darte cuenta que aquel niño que casi nos parecía ya otra persona, y nos ahogaba en nostalgias de ilusiones apagadas era yo mismo, pero distraido con vanidades. Se cierra un ciclo, es una deuda con ese niño, con uno mismo vaya, y se le ve sentido a muchas cosas.
