Discusión: Navegación Sólo cuatro horas. ¿Tan sólo?
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Antiguo 21-12-2011, 23:30
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Predeterminado Re: Sólo cuatro horas. ¿Tan sólo?

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Originalmente publicado por ktrauma Ver mensaje
Venga, arriba, que suena el despertador. ¡Venga, arriba! El desayuno, hacer la cama, levantar a las niñas... ¡Venga, corre!¡Que se escapa el día!
¡Venga, no te entretengas, que llegas tarde al trabajo! Un beso, tesoro, nos vemos a la hora de comer.
Llegas, fichas, ¡uy por poco!
-Don fulano, que le está buscando don mengano, que ha llamado el director de nosedónde, que necesita un informe para anteayer.
-Vale, a final de la mañana se lo hago.
-Ah, y que su jefe le está esperando en su despacho para nosequé.
-Yampezamosssssssss.
-A ver, fulanito (ya no soy don, lástima), que los gastos crecen, que los ingresos menguan, que la situación no da para más... (¿me contarán alguna vez algo que no sepa ya?)
Toda la mañana corriendo, estando en dos sitios a la vez, mientras el teléfono me mantiene en un tercer sitio... y los informes, y los directores, y los jefes, y los compañeros bienintencionados que te procuran marrones sin maldad en absoluto (el día que sospeche que lo hacen con maldad pondré otro gallo a cantar).
Y fichas, y para casa... ¿pero dónde va ese?¿qué manera de saltarse el Stop? Será cab... por poco me tira de la moto. ¡¡¡Míralo, y se va tan tranquilo!!!
Y así pasó el lunes, y así pasó el martes, y así pasó el miércoles...
Y llega el domingo, bendito día que hasta Dios descansó. Con una brisa del Norte, y con el frío que hace un 18 de diciembre con viento del Norte, me acerco al pantalán.
-Hola amigo, ¿cómo te va? Qué de tiempo sin verte, si hasta te está saliendo barba en la línea de flotación (¿será comestible?) Vamos a dar un paseo.
Con mimo dispongo las drizas, con ilusión le doy unos estrujones a la perilla del cebador. Una, dos... y tres!!!! Tironazo al arranque y el cabezón de 5 CV se pone en marcha con un sonido grave. Son las 10.00h. Un aviso por radio al marinero.
-Voy a salir un rato, en 3 o 4 horas vuelvo.
La brisa del Norte se opone a la corriente que vacía la Bahía de Cádiz. Aproado izo la mayor y desenrollo el foque. Decido dejarme llevar, por lo que viro a estribor, y con viento por el través de babor (caprichos del viento aparente) me encamino a 2 nudos en dirección al Puente Carranza. A unos 100 metros del puento el barco culea como un coche por un camino con fango, pero ya me lo conozco y saludo al remolino con alegría. Ya mi tono vital va cambiando. Paso entre los pilares del puente. El sol, que por estas fechas no se atreve a elevarse mucho sobre el horizonte, a veces asoma a los lados de las velas, regalándome una suave caricia que mitiga el aire gélido que castiga la punta de mis dedos.
Y poco a poco, la niebla del stress que embota la mente, va cediendo al empuje del corazón. Se va desvaneciendo lo superfluo, y prevalece lo importante. Ahora lo veo claro. Lo importante. Lo importante. Lo importante.
La familia: esa esposa que me acompaña, dotándome de una templanza y una constancia de la que en solitario carezco. Mis hijas que inundan mi vida con sus risas. Mis padres que siguen siendo, camino de la cincuentena, un faro al que buscar para una recalada segura.
Los amigos, tanto los compañeros de copas los fines de semana, como aquellos que un día, sin venir a cuento, te llaman o te mandan un e-mail... “porque sí, porque me he acordado de ti, y punto”.
El ausente, que con el dolor que su recuerdo despierta me deja claro lo importante de su presencia en nuestras vidas.
Lo importante.
Y ya de vuelta, como la estela que va dejando el barco, con el agua va quedando atrás la amargura. Son las 14:00h. Con mimo recojo las velas, adujo la escota, endulzo el fueraborda, y dejo en orden de revista a mi barco para la próxima ocasión en que tengamos, aunque sólo sean 4 horas, para desprendernos del caracolillo de la vida diaria que lastra nuestro navegar.


Curioso. Después de escribir esto, mientras lo releo para corregirlo, me doy cuenta que, además de lo importante, tengo la suerte de vivir ese stress de la semana que a tanta gente le falta. Y esto es como para sentarse a reflexionar: nos quejamos demasiado.


Como acostumbras, nos acabas de dar otra lección de vida.
Precioso vídeo, precioso día y preciosa reflexión. Mil gracias.
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