Hace muchos años oí a alguien preguntarse dónde entierran a los niños que no mueren.
Creo que me has dado una respuesta, Nochero. Gracias.
Está claro que, con su proverbial resistencia, los niños que no han muerto pueden sobrevivir enterrados dentro de un adulto durante muchos años. Pero no sé cuántos.
Ahora que lo pienso, un día me encontré con un amigo de la infancia al que no había visto en muchos años. Se había convertido en un hombrón que pesaba más de cien kilos y llevaba en la cara las marcas de muchos dolores y combates, pero sus ojos eran exactamente los mismos que cuando tenía 15 años. Manolito, le dije mirando aquellos ojos, ¿qué haces ahí, encerrado dentro de ese gordo?
