Discusión: Travesías Nuestra travesía atlántica
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Antiguo 08-01-2012, 17:30
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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Nuestra travesía atlántica

Y con este estado de ánimo tan, digamos, bajito, me terminé el libro “un paseo por el mundo” de Cocua Ripoll.




En él explica que en las travesías largas, tras los primeros días, se llega a un estado que él define como “la magia del océano”.





Justo cuando debíamos estar llegando a ese estado repentinamente bajó el viento, poco después las olas se hicieron menores y el sol empezó a lucir.





Como el libro utiliza la palabra “magia” yo me imaginé que iba a ser una sensación muy… zen, pero al menos en mi caso equivale a un estar “stand by”, con los biorritmos relentizados, viendo pasar las millas, las olas, los días, las noches, las guardias, las puestas de sol, la pesca, la cocina, el amanecer, en un estado de relajo total en el que parecen no importar demasiado las horas.







Con el viento bajito (demasiado, durante horas y horas entre 8 y 10 nudos entrando casi por la popa), la navegación se hizo más cómoda, el sol invitaba a charlar animadamente en la cubierta, o simplemente a contemplar el mar en compañía.








Fueron días en los que Johan probó a trimar las velas con todas las combinaciones posibles (trinquete, Génova, mayor, gennaker, con tangón, sin él, orejas de burro, a una banda, a la otra), finalmente le pillamos el punto al piloto de viento que llevaba el barco mucho más tranquilo que el electrónico (y sin consumo eléctrico), pude incluso hacer la colada, pescamos sin tregua y me dediqué con ganas a la cocina… días de disfrutar del dolce fare niente.













Navegar era algo muy parecido a lo que yo me había imaginado para toda la travesía… pero nuestra media de velocidad nos llevaba a hacer unas 80 millas al día y así no íbamos a llegar nunca!!!

¿tan difícil era tener unos vientos de entre 15/20 nudos, una ola de uno a dos metros, larga, solecito y unas 130 millas navegadas al día??? Pues sí, parece que si era difícil.







Probablemente habría ayudado tener alguien en tierra que pudiera consultar por nosotros la meteo indicándonos rutas alternativas con mejores vientos (otro velero con el que hemos contactado por BLU y que navegaba próximo a nosotros bajó hasta los 14º cuando nosotros estábamos en 16 y tenían más viento). O sea, un router. Durante la travesía hemos tenido acceso a la meteo a través de la BLU y cada día nos han facilitado el parte desde la Rueda de los Navegantes de Argentina, pero disponíamos del tiempo en el lugar en que nos hallábamos y –probablemente por nuestra inexperiencia- no acertamos a pedir en la Rueda una orientación sobre si era mejor variar la ruta, ni se nos ocurrió que podíamos bajar varios partes parciales (no queríamos bajar un archivo grande por miedo a bloquear el sistema). En fin, que esto es algo que se puede mejorar para la próxima pero que no nos supuso más inconveniente que tal vez alargar el viaje un par de días.







No vayáis a pensar que en la placidez de la navegación no nos pasaron cosas, porque mirando el pequeño diario que escribimos cada día hay algo







Un día, alrededor de las 10 de la noche, yo durmiendo y Johan de guardia, me despertó con un grito que transmitía mucha urgencia. Salí a la bañera corriendo, con el tejano mal puesto y apenas una camiseta de tirantes. Cuando Johan no me recibió con un “ves a vestirte mejor que te vas a resfriar” tuve claro que la cosa era seria.


Estábamos navegando con unos 12 nudos de viento cuando Johan vio a nuestras espaldas que se estaba formando una nube negra de tormenta. Ante la posibilidad que fuera un “squall” (tormenta corta acompañada de fuertes rachas de viento) recogió a todo correr el Génova, puso la mayor a la vía pero no alcanzó a tomar un rizo cuando el viento y el agua ya nos habían alcanzado. Cuando yo salí a cubierta parecía que el agua la tiraban a cubos y el viento aparente llegó a marcar 38 nudos con una velocidad de entre 8 y 9.


Tomamos un rizo a la carrera (con doble cabo y reenviado en la bañera la maniobra no nos lleva más de un par de minutos) y esperamos que pasara el chaparrón. Poco más tarde el viento volvía a ser de menos de 15 nudos y había dejado de llover.








En los últimos 4 días antes de arribar a Tobago, estas tormentas se hicieron habituales, hubo un día en que sufrimos más de 6 y esquivamos otros tantos!!.








En estos casos optamos por dejar las velas recogidas al tamaño de la tormenta (tres rizos en la mayor y la mínima Génova). Tal vez una tripulación más numerosa (o más regatera) cambiaría las velas cada vez que el viento sube y baja, pero a nosotros ya no nos venía de un día y preferíamos ir algo más lentos pero más tranquilos (que a diferencia de nuestra primera travesía yo esta vez me he puesto más nerviosa con esos subidones de viento, el mayor ha llegado a los 51 nudos de real, y Johan tampoco es de los de apurar al máximo) y ya llegaríamos.
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