Otro día, oíamos un ruido que no identificábamos cuando vi que el megáfono que llevamos instalado en el mástil para las señales de niebla se había soltado de su soporte –posiblemente con un golpe de la trinqueta- y era peligroso ya que podía desprenderse en cualquier momento y con mala suerte darnos en la cabeza! Así que, dicho y hecho, preparamos los cabos y los arneses y me subí al palo para bajar el dichoso megáfono. Fue divertido estar ahí arriba en mitad del océano, con suerte en un día tranquilo, pero la impresión que me dio es que la inmensidad no es más que lo que abarca tu mirada, que en aquel momento saber que había mil millas de agua en cualquier dirección no era más “grande” que si hubieran sido 20… en ambos casos, ahí arriba, eres una cosita en medio del agua, de mucha, mucha agua!
Y el top10 de nuestros momentos intensos llegó ya al final de la travesía un día en que el piloto de viento (que sigue dando problemas, la misma pieza que ya tuvimos que rehacer en Grecia se ha vuelto a dañar, definitivamente no es suficientemente fuerte para el Alea o no para un mar muy montado) dijo basta y dejó de gobernar. Llamé a Johan para que lo desembragara y pusiera el piloto automático cuando me dijo
- No es el piloto de viento, el timón no responde
Glups! Eso me sonó feo feísimo. En estas circunstancias adoptamos de manera inmediata el modo “quirófano”; Johan se transforma en un aparentemente sereno cirujano que tiene que abordar una intervención difícil y yo en una asistente de cirujano que a duras penas es capaz de disimular el pánico.
Mientras Johan miraba fijamente la rueda me dijo
- Martillo, destornillador plano y de estrella, una linterna y grasa.
Glups otra vez ¿martillo?
Fui a buscar a toda prisa el instrumental y volví a la bañera
- Martillo
Toc, toc, un par de toques suaves dados en el lugar exacto desatascaron el tornillo que sirve para frenar en una posición concreta la pala del timón y que por algún motivo estaba completamente fijado sin dejar que el timón girara
- Destornillador. –sin palabras, alzo la mirada y Johan contesta: de estrella
Desmonta el compás y de ese modo tiene acceso al mecanismo del timón.
- Linterna y llaves stanley
- Grasa
- Destornillador
- Listo!!!
Sacó el tornillo que al haber hecho un mismo movimiento durante muchos días podía estar algo atorado y lo engrasó. Con eso y el martillazo todo volvía a estar en orden… menos los latidos de mi corazón.
Ah! Claro y la otra gran desgracia de la travesía han sido los ebooks. El segundo día el de Johan salió literalmente disparado en uno de los meneos del barco y se quedó completamente inservible. Alrededor de la mitad del viaje la pantalla del mío dijo basta. Posiblemente se trate de una “muerte natural” solo en lo que llevábamos de travesía nos habíamos leído entre los dos más de 15 libros haciéndolo trabajar un número de horas para el que tal vez no estaba preparado. Sea como fuere, ha sido uno de mis mayores disgustos (el mayor?) y me ha tocado volver a la etapa de relecturas ya que todo lo que llevamos en papel está más que leído.
Y así iban pasando los días hasta que de repente el no viento volvió a tornarse en demasiado viento para de ahí pasar a viento moderado con abundantes tormentas (squalls) acompañadas de viento, que jugábamos a esquivar y a veces ganábamos y a veces… nos mojábamos!
Dejé las cocinitas para tirar mano de comida rápida porque trabajar en la cocina se convirtió otra vez en algo difícil y procuramos estar los dos en cubierta el máximo tiempo posible por si había que trabajar a la carrera con las velas; cuando llegaba el chubasco y no lo podíamos esquivar, uno de los dos se quedaba arriba para no mojarnos los dos innecesariamente.

Navegando hemos pasado el día de Navidad (una cervecita para celebrarlo y embutido del bueno que nos enviaron mis padres) y el de Nochevieja, esa noche decidimos cambiar las guardias para estar juntos cuando el reloj señalara la media noche pero el cansancio pudo más. Nos deseamos feliz año a las 19.00 UTC, medianoche en España; Johan me despertó a las 23.00 para cambiar la guardia con un “feliz año nuevo en Uruguay”, y yo pasé en mi guardia nuestra medianoche hora local; a él lo desperté a las 2 con un “feliz año nuevo en Guatemala” y así hasta que amaneció para todo el planeta el día 1 de enero, nuestro día de arribada al otro lado del charco.
Y poco a poco Tobago fue apareciendo en la pantalla del plotter como algo cercano; no íbamos a llegar de día… pero íbamos a llegar ya!
Y llegamos, llegamos a Charlotteville en Tobago alrededor de las 22.00h, noche cerrada, nublado y sin luna. Veíamos dos luces de fondeo pero el radar nos mostraba bastantes más barcos. Cansados y nerviosos buscamos donde echar el ancla. Demasiado cerca de los vecinos. Volver a probar. Bien, ya estábamos parados, el cruce había terminado.
De repente todo el cansancio y los nervios que los días anteriores parecían no existir se nos cayeron encima. No podíamos más.
Tenía que hacer la cama en nuestro camarote para ir a dormir todo lo que el cuerpo quisiera.
Durante la travesía había fantaseado bastante con qué sería lo primero que haría al llegar. Muchas veces pensé que llorar; llorar de la emoción de ver tierra, de haberlo conseguido. Y es cierto que lo primero que hice fue llorar… porque no encontraba las sábanas bajeras de la cama. Estaba claro que estábamos demasiado cansados. El nuevo mundo tendría que esperarnos hasta la mañana siguiente.
