La peor calamidad de todas se hace posible cuando has cogido confianza al vehículo, sea el que sea: una moto, un deportivo, un barquito o una ciudad flotante, como es el caso. La confianza, en general, mata.
Va uno a 180 kms. por la autopista tan confiado de que el coche puede y él controla, pero pincha una rueda o un conejo cruza la calzada: catástrofe.
Va un tío que trabaja en un aserradero desde hace 15 años, un veterano que domina la sierra con la punta del nabo, pero la confianza hace que se despiste para mirar el culo de la secretaria, y la sierra le rebana la mano: catástrofe.
Otro, confiando en su tractor, no lleva una batería de respeto y se adentra en la océana mar como si tal cosa, pasando de las predicciones de meteo "porque está como un espejo", pero a 12 millas la batería se jode y el barco queda a la deriva; además hay que tener en cuenta, siempre, a Murphy: la mar se encabrona y la radio también se jode: catástrofe.
En el puente de mando del Costa Concordia hay sistemas electrónicos muy precisos y alarmas de colisión; lo más probable es que el capitán los desactivara para saludar a la peña, confiado de que la maniobra era posible y confiando en su experiencia: la gran cagada.
De repente el mar o los escollos o la tía maría aparecen en su dimensión real, tal como son: antes de la catástrofe parecían entes inofensivos y domesticados por la técnica y la experiencia. Pero no: un pedrusco sumergido se encarga de recordártelo.
Y por supuesto, luego viene la otra catástrofe: la ética y la profesional. Un capitán de la marina no tiene excusa alguna, ninguna, para alegar pánico y abandonar la nave dejando a toda la peña a bordo y en peligro. El instinto de supervivencia no puede ser alegado porque se desactiva automáticamente cuando asumes la responsabilidad de este trabajo. ¿O es que los soldados en el frente podrían invocar pánico o instinto de supervivencia y largarse del campo de batalla? ¿O los médicos delante de una epidemia desconocida? No hombre, no. Que cada palo aguante su vela y si hay que morir se muere, pero con dignidad y honor, cierto que no mola, pero es mejor que vivir entrullado y que tu nombre sea recordado como sinónimo de inmoralidad y cobardía.
Lo siento por el ladrillo, cofrades, pero me ha salido así...
