Tremenda historia la del Cap Arcona. Se ve que cuando el aviso de la Cruz Roja llegó a los oficiales británicos, ya era demasiado tarde para detener el ataque de la RAF. Dudo que se esclarezcan algún día las razones de lo que los ingleses, al fin y al cabo, no dejan de definir como un "acto de guerra", espantoso, horrible, pero enmarcado por el contexto.
Lo mismo dicen de otro penoso ataque, el de Mers el-Kebir (puerto de Oran) en julio 40, cuando destruyeron la flota francesa allí amarrada por temor a que pasase a manos de los alemanes (Francia había capitulado en junio 40). En aquel ataque murieron cerca de 1300 marineros y oficiales franceses. Mi abuelo, oficial de máquinas, presenció el ataque. Como muchos supervivientes, se alistó luego en la marina norte-americana y aunque se dedicó durante toda la segunda guerra mundial a escoltar convoyes entre USA y GB, nunca les perdonó a los ingleses, durante toda su vida, la muerte de sus compañeros de Mers el-Kebir.
En cuanto al Titanic, pues, claro. Viaje inaugural del barco, último viaje de su capitán, personalidades embarcadas, la flor y la nata de la época y sobretodo el orgullo de todo un sistema. Colofón de la Revolución Industrial iniciada un siglo antes y cuyos máximos representantes, fortunas de la industria de la época, precisamente estaban embarcados a bordo, el Titanic simbolizaba el triunfo del capitalismo. En una época sacudida por la lucha de clases, el terrorismo anarquista y el recelo entre las naciones, el Titanic era la afirmación, algo arrogante, de la potencia indiscutible de los británicos.
Curiosamente, y aunque los periodistas de 1912 no lo sabían -aunque algo seguro se veía venir-, el hundimiento del Titanic preludió otro, mucho más mortífero, él de la Primera Guerra Mundial que empezó dos años más tarde, con 9 millones de muertos; el hundimiento, también, de todas las ilusiones de una internacional obrera lo bastante fuerte como para impedir las injusticias sociales de aquel sistema económico; el hundimiento, finalmente, del poderío británico que poco a poco, a lo largo de aquel siglo XX que tanto prometía el día de la botadura del Titanic, vería como se desmembraba su imperio.
Tal vez sea por su valor simbólico que siempre gana el Titanic.
