Lo importante, lo importante, lo importante... siguen resonando en mi interior esas palabras.
-Sientate, que tengo que contarte algo.
-Dime.
-Le dije a tu hija que si quería que su amiga se viniera a casa a pasar la noche, y así mañana iban las dos a navegar contigo. Y me respndió que no, que quería salir contigo sola. ¿Cómo te quedas?
Quien tenga un hijo quinceañero comprenderá el valor de lo que hablo. Que prefiera salir a navegar con su padre, a pasar una noche de confidencias y chismorreos con su amiga del alma... no tiene precio. Y noté como el pecho se me llenaba de ilusión.
Y así fue, 8 de enero. Aun de noche la llamé, desayunamos y nos fuimos juntos mi hija mayor, Lucía, y yo, camino del pantalán.
Tras salir con suavidad del atraque abandonamos el club enfilando al este, donde las grúas de Astilleros se recortaban contra el alba.