Poco a poco su semblante fue cambiando, desapareciendo el gesto tímido para ir ganando confianza a la caña. Entonces dije... ¿un Colacao calentito? Y me metí en la cabina para sacar el termo. Cuando iba a salir, al ver su postura con la caña sujeta con firmeza y suavidad a la vez, en una pose mezcla de femineidad y juvenil osadía, no pude por menos que sacarle una foto. Mientras contemplaba en la cámara la instantánea noté como el pecho se me llenaba de orgullo. Y unas palabras se me escaparon, pero flojito para que no me oyese,
"Joé, me va a reventá er pesho!!!".