Mi caso es el contrario. Cuando por fin me compré el velero, lo primero que hice fue invitar a un amigo del alma, compañero de copas, risas y llantos, casi un hermano, a "probar el barco". El pobre, leal, vino. Nada más salir se puso verde.Increíble: ni quince minutos. Volvimos.
-Coño, si te mareas ¿por qué has venido?
-Pues porque me lo has dicho.
Ahora nos sirve de "coche lanzadera" durante el traslado. Cenar en puerto se le da muy bien...
Una

por él.