Hace un par de veranos bricoleaba en el amarre un día de viento fuerte (para mi, al menos, lo era) cuando vi salir por la dársena un viejo velero tipo armatoste, (siempre me fijo si llevan piloto de viento) de unos 10 metros y bandera francesa, tripulado por dos abueletes (ella gordita, bajita y sonriente ) él amojamado y de aspecto serio.
Les hice señas hacia la veleta para indicarles el fuerte viento, a lo que me contestó ella con el dedo hacía arriba. Les estuve siguiendo mientras salían y los vi izar la mayor con algún rizo y largarse. Volvieron casi al atardecer, cuando ya había amainado el viento. Pues vaya con los abueletes, menuda marcha tienen..... pues yo me quedé con mis herramientas pensando: algún día quiero sentirme tan seguro como ellos en el mar. Pero para eso tengo que hacer algo.... ese verano comencé a salir poco a poco con más viento y me fui encontrando con nuevas sensaciones, con nuevas dificultades p.e. en el manejo del carro de la mayor, vi que se podía mejorar la maniobra, que los obenques iban flojos de más, que había que pensar y ejecutar mejor las manionbras, que la estiba interior era muy mejorable... etc. etc. También vi que mi viejo Sirocco despertaba y comenzaba a galopar con alegría. En fin, una vez superada la tensión incial al escuhar guardapear con violencia la mayor mientras la izaba, todo era amonía y fuerza.
En fin, que me gustaron las sensaciones navegando.
