Aún a riesgo de que los puristas me cuelguen de los pulgares, te contaré un sistema chapucero para estancias cortas.
Te compras un sombrero de vaquero para ir entrando en el papel. Si quieres, además del sombrero puedes ponerte unos guantes de piel, lo de la camisa a cuadros mejor otro día.
Te diriges a proa una vez parado el barco justo justo como sabes hacer, bien cerca de la boya.
Tomas la amarra, que tenías preparada, con ademán experto, te ajustas el sombrero, y con pericia marinera le das una vuelta por la base de la boya. Miras alrededor, y te calas el sombrero mirando a la rubia alemana de la motora de al lado, mientras das otra vuelta a la boya con la amarra.
Haces firme, y mientras caminas hacia popa te quitas los guantes con estilo de duro.
Bueno, la amarra, va, da una vuelta por debajo de la boya y vuelve. Al tirar de los dos extremos de la amarra, estrangulas la cadena y si la tensión se mantiene no es fácil que la boya zafe.
Para largar, soltarás un extremo y rogarás a San Murphi de los calcetines bajados que no se enganche con el grillete oxidado que une la boya y la cadena.
Aunque no dormiría confiando en este sistema, he pasado más de un rato así amarrado, cuando la boya tiene la mala leche de negarse a subir al barco.
La correcta utilización de los boquerones durante la maniobra queda a tu libre y experto albedrío en esa materia.
