Me siento identificado en algunas cosas de las que decís. Después del accidente de mi velero, quedé fatal y, sin recursos económicos. Lo único que pude hacer fué traerlo a casa, y esperar el momento en que pudiera volver a dedicarle tiempo, energía y dinero.
Un cúmulo de circunstancias ha hecho que durante todo este tiempo no pudiera, ni tuviera ganas de dedicarme al barco
Después de más de un año, ahora he reemprendido los trabajos de puesta a punto, y quiero hacerlo aún mejor que la primera vez, aprendiendo de los errores cometidos en aquella ocasión.
Voy, de proa a popa, repasando, manteniendo y, en su caso reparando, cada pieza del barco, sin prisas, que las prisas no han sido nunca buenas consejeras.
Imagino que cada historia será diferente, y esta es la mía. Os aseguro que, el día que me tome una cerveza fría navegando, me sabrá a gloria y se me olvidarán los sinsabores pasados.

