Los barcos amarrados a muertos en las rías, debido al contínuo borneo, van haciendo que el cabo se retuerza sobre sí mismo, haciendo que la distancia real entre la boya y el muerto sa cada vez más pequeña. Esto hace que la flotabilidad del casco ejerza una presión negativa sobre el muerto que puede acabar soltándolo del fondo... o haciendo que la boya se sumerja. Me ocurrió a mi cuando me rompí el pié derecho, que estuve seis meses sin ver el barco, y cuando fui, antes de nada me asomé por a carretera y vi que no habia boya. Cuando llegué al club y lo comenté a los boteros, me lo explicaron. A continuación les pedí que soltaran el barco y lo volvieran a amarrar y apareció de nuevo la boya.
Por cierto, el barco de mi padre, que amarraba en el CN Punta Umbría, tras un temporal apareció en Chipiona con su boya y su muerto, todo el lote completo. Nos lo trajo un pesquero de vuelta, no lo amarraron, tan solo subieron el muerto a bordo y nos lo soltaron en su sitio al llegar a Punta Umbría. Por cierto, la boya estaba hecha con un termo eléctrico viejo pintado con Hempel Marine azul.

