
Espectacular si que es.
Una horterada también.
Y el periodista como para pasarlo por las armas sin juicio previo. Copio y pego:
"...
Lo peligroso de la ocurrencia es que el timonel del velero, que debía controlarlo con suma precisión, no podía ver ni la moto de agua ni al propio regatista, y sólo tenía las referencias que le iba diciendo un tripulante. Cualquier ráfaga de viento pudo haber afectado la dirección y la velocidad del Open 60.
Un golpe de la quilla, de cuatro toneladas de peso y a una velocidad de caída de 16 km/h, hubiera sido lo mismo que si un elefante aplastara a Thomson..."
Sin comentarios.