Muy buena exposición de los hechos generales.
Mi caso escapa a las generales de la ley pero somos varios también los que vivimos esto de modo similar.
Después de larga convivencia con la madre de mi hijo, un día nos separamos. Había que vender la casa, pagar una deuda, y con lo que me quedaba no dudé en decidir la compra del barquito y vivir a bordo, matando así dos pájaros de un tiro: el problema de la vivienda y las ganas de navegar!
Ahora sólo tengo el barco y lo que hay en él, incluyendo mis dos guitarras. Nada más tengo en este mundo. Pero navego todo lo que el clima permite.
Y ahora con una mujer que no sólo no tiene miedo, le da igual tomar sol o no, sino que busca barcos porque le encantan.
Y acerca de la evolución, en un año y medio desde que tengo barco (he salido ya 82 veces, promedio 15 millas cada vez), habiendo empezado tarde, creo que recién ahora comienzo a sentir confianza en las maniobras, pero sigo aprendiendo.
saludos cordiales y cervezas heladas que aquí en Buenos Aires estamos con 35º.


