Cita:
Originalmente publicado por Raitán
Ahí está el problema, en que sus tripulantes interpretaron que iban como clientes, igual que a un hotel de vacaciones, cuando el Capi siempre dejó claro que buscaba ayuda y compañía en su travesía de vuelta.
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Hola Raitán,
Desde luego, este tipo de confusiones suele producir malentendidos que, a su vez, pueden desembocar en situaciones muy tensas.
Pero no es la única causa!! Las tensiones pueden surgir por los motivos más diversos.
Además de la confusión sobre el rol, la pura "química", es cierto, juega un papel importante en esos asuntos. Tratándose de desconocidos, como es el caso que nos ocupa, antes de vivir una situación, la imaginas primero y te creas una representación propia de la persona a partir de los mensajes que te ha enviado, de lo que explica o te explican de él, de su voz por teléfono. Y esta representación dura hasta que te topas con la persona en realidad.
En ese momento, pueden pasar varias cosas, tres básicamente: (i) la persona corresponde a lo que te imaginabas y todo va bien; (ii) no es exactamente lo que te imaginabas, pero bueno; (iii) no es nada de lo que te imaginabas y te sientes decepcionado, incluso defraudado.
En este último caso, puedes intentar racionalizar esta sensación de manera objetiva: es lo que intenta nuestro compañero cuando habla de los físicos "diábolos" o "toneletes" y sus capacidades a bordo. Es este aspecto que le he rebatido yo, porque no creo que sea una valoración ni justa ni realmente ética. Más bien creo que, en general, las sensaciones negativas se apoyan en un rechazo de cariz mucho más subjetivo y psicológico, y perfectamente analizado por el Capitan teach en su blog. Puede ocurrir que el malestar venga producido porque la persona que llega representa un modelo que no aceptamos, una imagen que podría ser la proyección de algo que en el fondo tememos y rechazamos: en el caso que nos ocupa, el Tripu B proyecta una imagen de vejez, de abandono de las fuerza, del cuidado personal, de si mismo, que "no pasa". Y eso es así y punto.
En efecto, estas causas subjetivas no son discutibles: cada cual tenemos modelos que nos repelen y ni siquiera somos conscientes de ello. De allí que no se produzca la química y que la persona nos caiga mal.
Una vez se produce eso, si no se le pone remedio muy rápidamente, todo irá alimentando la mayonesa del mal rollo: en nuestro caso, la dieta dukaniana, el negarse a pescar, la falta manifiesta de higiene personal, los comentarios, la prepotencia, los discursos, los silencios, la torpeza, etc., etc.... cualquier cosa servirá para meterle leña al fuego. Si no se hace nada al respecto, acabamos viviendo en la espera de que el aludido diga o haga cualquier cosa que confirme la impresión pésima que tenemos de él. Y todo sirve!
Creo que la cuestión a este estadio no es ya "¿cómo hacer para que esta persona me caiga bien?" sino "¿qué tipo de estrategias puedo desarrollar para que las cosas no vayan a más?" o sea "cómo hacer para atenerme al compromiso que tengo con esta persona (pagado o no) sin dejar se que impliquen en ello mis propios sentimientos?"
Eso es lo difícil. Ahí está el reto. Siempre nos dirán: "hay que hablar, todo se soluciona hablando"... pero llega un momento en que ni hablar es fácil: lo vemos en el relato de nuestro compañero cuando los tripus ni siquiera quieren confesarle que van a bajarse a Palermo. Ni eso se puede decir. O se habla al principio... o ya no.
¿Son solucionables estas situaciones?
Sería interesante que alguien pueda aportar una anécdota en que sí fue posible darle vuelta a la tortilla... y cómo ocurrió este pequeño milagro.

