
21-02-2012, 13:59
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Corsario
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Re: Los moros tienen la culpa
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y por supuesto no utilizaban los números romanos sino nuestro actual sistema de numeración que permitió utilizar la exactitud de los decimales esencial en la trigonometría marina como lo expresó el toledano Azarquiel en el primer almanaque (al-manakh) donde entre otros datos posicionaba los planetas en cualquier día y hora del año .
Copérnico , cuatrocientos años más tarde, dijo que su obra maestra De revolutionibus orbium coelestium habría sido imposible sin éste toledano.
Y su experiencia.
Los árabes no eran unos mindundis de la navegación; eran extraordinarios viajeros y sus barcos tenían un sistema de navegación diferente porque estaban aparejados con tres palos que armaban velas triangulas (trina, de donde sale lo de la vela latina con su errónea descripción geográfica ya que su origen parece ser oriental) y el timón de codaste que desterraba las popas afiladas y las espadillas.
Sus flotas como la aglabí ,la meriní, la berberisca, la fatimí o la otomana transformaron el romano Nostrum del Mare al islámico y en el este se adueñaron de las navegaciones por el Océano Índico.
La construcción naval siempre ha bebido de las diversas tecnologías de los contactos con otros pueblos porque los navegantes la han adaptado a sus embarcaciones para hacerlas mejores.
En la costa sudoccidental de la península Ibérica había unos preparados marineros y astilleros, cuna de una larga tradición que le habían legado los buenos marineros fenicios, griegos y romanos que habían osado atravesar las columnas de Hércules en busca de los ricos minerales de Tartessos y que armaban barcos singulares porque además de esa herencia mediterránea, se nutrían también de la escuela náutica del Mar del Norte y con la llegada de los árabes se cerró el círculo para el diseño del barco con los instrumentos que atravesarían navegando los océanos.
No es una coincidencia que desde esta zona sudoccidental zarparan en el futuro la mayoría de las expediciones descubridoras porque en esa época también lo intentaban y algunos regresaban como lo relata Al-Masudi que escribe que en el reinado del califa andalusí Abdullah Ibn Muhammad el navegante Said Ibn Asuad zarpó de Debla (Palos) en el 889 hacia el oeste y llegó a un nuevo territorio del que se trajo un fabuloso tesoro o en el año 999 también lo consiguió, según cuenta el historiador Umar Al-Gutiyya en un escrito del siglo XI, el navegante Ibn Farruj que tras visitar en Gando al rey guanche Guanariga descubrió navegando al oeste dos islas a las que bautizó con el nombre de Capraria y Pluitana o por fín los hermamos Mugarribun que tras navegar dos meses por el bahr adh-dhulumat ( mar de las tinieblas) encontró "la isla de los hombres rojos".
Podrían ser leyendas pero ahí están y escritas en su tiempo.
Con la tradición cainita, tan española, y con los tintes xenófobos de la conquista cristiana todos estos datos comenzaron a diluirse y ya pronunciar un nombre árabe era poco más o menos que una ofensa y en la oficial Historia de España sólo figuraban los que hubiesen estado en el bando adecuado y en esta papelería, el periodo dorado donde florecían las artes y las ciencias, fue ninguneado.
Pero hay una cosa que pervive y no pudieron borrar:
El idioma .
Nuestro diccionario marino está lleno de registros árabes porque el navegante designaba las maniobras y los objetos del barco, no habituales en su vida corriente en tierra, y para que no hubiese equívocos utilizaba el lenguaje técnico de sus maestros.
Cientos de palabras que hacen incluso posible esta redacción improvisada:
Si miramos nuestro místico protegido de las olas en la albufera y en una cala defendida por unas escolleras y atracado al muelle de la dársena con sus amarras azocadas a las argollas, manchadas de alquitrán ,de las bitas y amarradas con una doble gaza.
El resto del chicote está adujado en el enjaretado y una rabiza sobrepasa la regala porque una racha del labeche la ha zafado de la cornamusa .
Estas ráfagas de viento hacen que tenga arriada la vela porque si no el barco se podría ir al garete.
Decía Giordano Bruno una frase que viene al pelo: El tiempo todo lo da y todo lo quita; todo cambia pero nada perece.
Saludos Andrés
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Editado por anboro en 21-02-2012 a las 14:08.
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