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Piratilla
 
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Predeterminado Re: Diario De Un Navegante.

Antes de seguir, una nueva ronda para todos los que con sus ánimos me impulsan a escribir unas memorias que cada vez quedan más lejanas en el tiempo.
Sin duda, no es una decisión fácil, pero la verdadera y única dificultad estriba en tomar la decisión de hacerlo. Después os puedo asegurar que todo es mucho más sencillo y agradecido de lo que uno pueda imaginar. Yo me considero una persona absolutamente normal, sin ninguna facultad especial para nada y con nulos conocimientos previos de navegación, de mecánica, de electricidad. Nada de nada. La mayor parte de mi vida la he pasado en un despacho enterrado entre papeles y resolviendo problemas de otros....

Bueno, sigo con el Diario para quién le pueda interesar:

6.- SEPTIEMBRE 2003. TURQUIA Y GRECIA.

En Turquía solíamos fondear a la bermudiana, lanzando el ancla y marcha atrás amarrando un largo cabo por popa a los pinos que crecían junto a la misma orilla. Navegaciónn fácil con muchos fondeaderos y animados puertos como Bodrum, Datça, Marmaris….
En Datça aún recuerdo que tras ayudarnos a amarrar el barco, un marinero turco nos invitó a tomar unas cervezas en un bar a 10 metros de nuestra popa, donde sonaba música española. Solo apagué motores, y dejando todo conectado marchamos a tomar una cerveza que acabaría siendo 7 u 8….. En el bar conocimos un grupo de médicos españoles, gaditanos la mayoría, que estaban allí en un chárter con una goleta turca. Allí nació una amistad con Alfonso “Cortavientos” que se prolongó en el tiempo. Espero que Alfonso siga surcando las aguas del Estrecho con el velerito que años después compró.
Grato recuerdo de las costas turcas, de sus gentes, de su buen clima y bellísimos parajes.
A principios de Octubre, tras la marcha temporal de uno de nuestros tripulantes, decidimos partir de nuevo rumbo a Barcelona, con unas breves escalas en Rodas, Creta y Malta. Queríamos recorrer las más de 1.500 millas que nos separaban de casa tan rápido como fuese posible. La idea era reparar en los astilleros de North Wind aquellas deficiencias que habíamos observado y acabar de pertrechar el barco para partir a primeros de noviembre hacia Canarias.
Era una gran oportunidad para testarnos en una larga travesía en un mar tan complicado como el Mediterráneo.
La mayoría de navegantes de la ribera mediterránea hablan con cierto respeto y temor a las travesías atlánticas o de otros océanos. Pero nuestra experiencia en el Mediterráneo, es que es uno de los mares más complicados para navegar a vela. Vientos variables en cuestión de horas. Fuertes temporales fruto de la Tamontana, del Mistral, del Meltemi, de Levante, de Poniente en el Estrecho, todo ello afectado por un mar cerrado con una ola corta, con habituales resacas, con el efecto venturi entre las islas……. En definitiva una verdadera escuela de navegación. Darse una vuelta por el Mediterráneo durante unos meses nos curtirá y preparará para la navegación de altura.
Otro dicho de nuestro refranero, y fe que se cumple, es que el viento predominante en el Mediterráneo es el viento de PROA!!!.
Dejamos atrás las aguas turcas para poner proa a la cercana y monumental isla de Rodas. Dos cabritas, símbolo de la ciudad ocupan las columnas que antaño sostenían al mítico Coloso de Rodas y que dan entrada a su puerto. Como en todos los viejos puertos griegos, has de amarrar tirando el ancla por proa (será nuestro muerto) y amarrarte por popa. Cuando los puertos están llenos los barcos se abarloan, o bien dejan caer su ancla delante de la tuya para amarrar su popa a la proa de dos barcos (a forma de triángulo). Sorprende al principio, pero te habitúas rápido a la maniobra. Siempre es conveniente llegar pronto a los puertos para encontrar un buen amarre con acceso directo a tierra, aunque siempre has de estar preparado para servir de pasarela flotante a otros barcos.
Tras la visita a la monumental y amurallada ciudad de Rodas pusimos rumbo a la isla griego más grande, Creta. Allí visitamos el puerto de Heraklion, sin demasiado encanto y la bella ciudad de Khania (puerto tradicional muy recomendable y bello).
De Khania pusimos rumbo a Malta. Rapidísima travesía con vientos constante de 30 nudos por la aleta, y a toda vela, asumiendo algún riesgo de rotura por no tomar un rizo (en nuestro caso enrrollar un poco de trapo).
Así nos plantamos en el puerto de La Valetta en Malta. Su imponente y amurallada ciudad, refugio de la 5ª flota americana en el Mediterráneo, nos recibía con sus puertas abiertas. Recalamos una sola noche y pusimos rumbo directo a Palma. Una larga travesía para habituarse a largos días de navegación ininterrumpida. Para largas sesiones de guardias y para resolver los problemas que se pudiesen generar.
Dos momentos críticos recuerdo de tan larga travesía, el primero cuando atravesábamos el canal que separa Malta y el Sur de Sicilia. La altísima humedad ambiente provocaba la condensación de humedad en el interior del barco, con la pérdida de algunos aparatos electrónicos y del radio-cd. Pero lo peor es que la humedad dio paso al anochecer a una espesa niebla. No llegaba a ver nuestro mástil. Y a pesar del radar, y de intentar apartarme de la derrota de los grandes barcos, sentía el ruido de esos monstruos de acero que surcan esa ruta pasar a escasos metros de nosotros a toda máquina. Horas de gran tensión. Utilizamos la bocina, la campana, y todos los recursos a nuestro alcance, pero siempre tuve la sensación de estar a merced de esos enormes cruceros o mercantes, cuyos capitanes son incapaces de detectar una isla como la del Giglio, como para detectar la presencia de un pequeño velero.
Esa noche no había guardias. Todos nos la pasamos en vela, uno con el radar, otro en cubierta y el suscrito a la caña.
Con la llegada del día, el sol fue disolviendo la niebla y poco a poco empezamos a relajarnos, pensamos en parar en algún puerto del Sur de Sicilia a recuperarnos de la larga y estresante noche, pero anuncios de la llegada de una fuerte tormenta de Levante durante los próximos días en el área del Sur de Cerdenya y Sicilia hizo que agilizásemos la marcha poniendo rumbo directo a Palma. Queríamos evitar el grueso de la tormenta. Si todo iba bien, nos alcanzaría cuando estuviésemos cerca de Palma donde nos pondríamos a resguardo. Pero como MURPHY existe y además vive en un barco, no pudimos evitar el siguiente problema.
Casi sin viento atravesamos durante el día el Sur de Sicilia, y al anochecer dejábamos atrás las últimas luces de su costa. Calma total, lo cual en el Mediterráneo es síntoma de una próxima tormenta.
Todo parecía ir bien, nos habíamos recuperado de la tensión de la noche anterior, pero mientras disfrutábamos de una estupenda cena bajo la bella bóveda celeste, de repente se para el motor y el barco se frena en seco.
Algo extraño y anormal había pasado. Busco una linterna y observo por popa que una larga cola nos envuelve. Estamos enganchados en una red a la deriva. Una red de varios cientos de metros. Desde la popa tiramos de la red y subimos al barco parte de la misma con la ayuda de una driza y un winche, para cortarla y liberarnos parcialmente. Intentamos recuperar el trozo cortado, pero dada su longitud y peso, se hace imposible sacar esa trampa del mar. Malditos pescadores, pensé!!!! Cómo alguien que ama y vive de la mar puede abandonar a la deriva una red tan inmensa??.
Era noche cerrada, y el viento comenzaba a subir. La anunciada tormenta se avanzaba a la predicción. Estábamos sin motor, a la deriva y el viento iba subiendo de fuerza. De madrugada ya teníamos veinte nudos e viento. Sacamos las velas y con el lastre que llevábamos enganchado a la quilla y al eje de la hélice avanzábamos a poco más de 1 nudo por hora, a pesar del fuerte viento. Poco más se podía hacer por la noche. Así que fui a dormir un rato, y justo al amanecer cuando ya el viento soplaba a más de 25 nudos y las olas arreciaban, preparé con mimo mi equipo de inmersión y al agua para intentar liberarnos del lastre que arrastrábamos. Por primera vez agradecí los largos años de experiencia como practicante de apnea y submarinista. En mis buenos tiempos bajaba a pulmón libre a pescar hasta 35/40 metros de profundidad. Pero nunca me había visto en una situación igual. La visión debajo del barco era dantesca. Decenas de metros de red atrapaban la quilla y la hélice. Tenía que ir cortándola en trozos pequeños y evitar que me atrapase a mí, a la vez, que tenía que intentar que el casco no me golpease en su movimiento con las olas, o que la corriente no me arrastrase porque mis amigos nunca podrían rescatarme. Con un largo cabo me amarré a la popa, y manos a la obra. Tras una hora de trabajo interminable, logré sacar el último trozo que aprisionaba el eje. Ya estábamos libres!!!!.
Nunca olvidaré esa experiencia.
La tormenta nos alcanzó de pleno, pero ya teníamos el barco listo para navegar. Como el vientos era de popa, tan sólo había que mantener el rumbo adecuado y trimar las velas bien para no sufrir demasiado. Vientos de 40 nudos nos impulsaron durante tres días a toda velocidad hacia Mallorca. Por fin la tormenta pasó y al día siguiente teníamos una plácida llegada a Palma, acompañada además con una extraordinaria jornada de pesca. Un banco de atunes nutrió nuestras bodegas de tal manera que parecíamos el barco de Pescanova!!!.


Pero la pronta llegada a Palma, donde teníamos amigos y a Barcelona, hizo que incrementásemos el número de capturas, cuando lo habitual es que tras una o dos capturas retiras las artes de pesca.
Noche en Palma para dormir a pierna suelta tras una suculenta cena de un buen solomillo para olvidar el olor y sabor de tanto pescado, regado con un buen vino tinto.
Era finales de octubre, unos quince días después de salir de Turquía y tras más de 1.600 millas navegadas casi del tirón, divisábamos el skyline de Barcelona. Vuelta a casa sanos y salvos, con el barco entero y cinco intensos meses de aprendizaje.

Unos días para visitar los amigos, reparar pequeñas cosas del barco, revisar motor, cargar provisiones y rumbo a Canarias para la gran aventura oceánica. Nos habíamos inscrito en la ARC y teníamos que llegar a Gran Canaria a mediados de noviembre.

Dejamos el barco en el astillero de North Wind para que hicieran una revisión general al barco, hacer una profunda revisión de motor y arreglar pequeñas cosas que se habían roto. Pensamos que quién mejor que el constructor del barco para hacer los trabajos. Craso error. Estas compañía están hechas para ganar dinero, fácil si pueden, y les preocupa bastante poco la vida de los tripulantes de los barcos que venden. Al margen de intentar engañarnos con la factura de reparación cobrando horas de operario a precio de ingeniero de la NASA. El cúmulo de despropósitos fue tal, que les amenacé con llevarlos a los tribunales si persistían en su intento de cobro de una factura que rozaba la estafa. Pagamos lo que consideramos justo, y hasta el día de hoy no he vuelto a tener noticias del astillero. Sin duda el North Wind es un gran barco, con una excelente construcción (opinión desde la ignorancia que tengo en la construcción de barcos, pero con la experiencia de vivirlo y navegarlo durante miles de millas sin tener ningún problema grave, superando con nota fuertes tormentas con vientos de hasta 70 nudos), pero al margen de los cambios en la propiedad del astillero, la crisis del mismo repercutió muy negativamente en sus servicios. Por otro lado, aún no entiendo porqué una simple brida de fibra en una tienda o taller náutico vale diez veces más su valor de mercado. La gente que trabaja en el mundo náutico ha de pensar que todos somos parientes de Onassis o millonarios sin más preocupación que quemar miserablemente nuestro dinero. Pero nada más lejos de la realidad. Los verdaderos navegantes son gente humilde en su mayoría, con una pasión y amor común por el mar.

7.- NOVIEMBRE 2002. PARTIMOS HACIA GRAN CANARIAS. LA FLOTA DE LA ARC NOS ESPERA.
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