En primer lugar os doy las gracias, en nombre de toda la tripu, por vuestros "desvelos" en el seguimiento de nuestra aventura regatera.
Resaltar, a lo ya comentado por Ventarron y Tabernero, que han sido unos días de convivencia ejemplares. Hemos cultivado nuestra amistad y, como no, algo imborrable se queda para siempre en tu interior. Cinco días y poco más de una experiencia y recuerdos entrañables y dificilmente repetibles. Gracias tripu y apoyo en tierra.
Deportivamente esta tripu es una auténtica máquina, de día y de noche, de devorar millas (cuando Eolo acompaña ...). No hay ni viento ni ola mala para el Melilla Deporte. Se trima y ajusta constantemente al menor role. No se baja la guardia ni un momento. Es verdaderamente impactante. Son incombustibles estos nevegantes.
Físicamente resulta agotador (y lo dice quien menor esfuerzo físico hizo ... excepto a la hora de preparar "el papeo" con la p**a escora y los j*****s pantocazos). El "intentar dormir cuando toca" no es fácil ni por el estado de tensión ni por las condiciones (escora que te pega "los morros" al mamparo, ruido del motor cargando baterías, calor infernal en el camarote, "sensación de pringue corporal", ruidos y crujidos por doquier, voces que resuenan a ecos ... y, constantemente, ese "olorcillo a tigre" que te invade desde el segundo día sin ducharte ...). El "manducar", excepto en las repetidas y mencionadas encalmadas, escaso y de rápida preparación. Y del "beborcio" ... ná de ná ya que tampoco apetece. Y así me llegaron los chicos ... con esos tipazos, cabitos en los pantalones para que no se fueran al suelo, y de un morenazo que te cagas. Y, hablando de esto último, ... toda una odisea "encajarte", apoyo y agarre de manos donde se terciaba, "evacuación" y ... salida a la bañera, a tomar el fresco, después de la pseudo-sauna ...
Desgraciadamente llegué a Funchal "tocado del pechito" y con un incipiente enfriamiento. Parece que uno no está ya para la plácida vela de crucero ... Al día siguiente amanecí con "destemplanza" que, posteriormente, terminó en fiebre con tos y dolor de espalda. El viernes, en que salíamos hacia Ceuta, no tuve más remedio (con amargo sentimiento de abandono hacia mis dos compañeros) que abandonar. En la enfermería del aeropuerto me dieron unas pastillitas para las siguientes horas, camino de Lisboa y Sevilla, para "aguantar" así las malas consecuencias de los bruscos cambios de temperatura ambiental, bajarme los 37,9º y aconsejarme que hiciera uso del polar a pesar del calor tomando agua en abundancia. El camino hasta Sevilla, con parada de seis horas en Lisboa, se hizo eterno.
Hace un rato he hablado con el Tabernero. Desgraciadamente han tenido un problema con la bomba de refrigeración del motor, en medio de una nueva encalmada, y les ha costado muchas horas de desesperante navegación poder arribar a Porto Santo. Estaban esperando a un mecánico y, una vez visto el tema, tomar iniciativas. Se encuentran bien (incluso de ánimos) y resignados a superar (de lo que no tengo ninguna duda) esta nueva incidencia. Os mantendré informados.
Luego me pondré con las fotos.
Gracias, de nuevo, a todos/as.
(esta vez "con" y, alguna, de parte del Tabenero)