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Antiguo 13-03-2012, 20:25
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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Mi segunda travesía. De cómo el hombre propone y Dios dispone.

Bueno, pues eso. El niño. “Me duele la tripita, me mareo”

A ver, valoración de la situación. Todavía no hemos llegado a la altura de Aiguadolç, el niño se marea, ¿qué hago?¿Sigo con mi plan, hacia port Ginesta o, en todo caso, el Garraf, o entro en Sitges? Me puede el padre que llevo dentro y enfilo Aiguadolç.Recojo Génova y mayor, como un campeón, mientras la almiranta se aproa, de nuevo, al no-viento. En esto que el chico se recuesta en el banco de la bañera, se adormila y al rato se duerme. La almiranta me anima a, en esa situación, seguir. Pero ya lo tengo decidido, será Sitges.

Por cierto, un alto en el camino. Olvidé deciros que, aunque el barco es de alquiler, el pabellón es MÍO. Hace un par de años fue mi regalo de día del padre de modo que, aunque no tengo barco, al menos tengo pabellón (en este punto un recuerdo al cofrade Juanitu, a raíz de este tema entablamos amistad tabernaria) . Es la primera vez que lo he izado aunque, por si acaso, pedí permiso al dueño del barco, no sea que por desconocimiento ofenda a alguien. Ningún problema. Además me guío por él pues el barco no tiene lanitas.

Llamo por radio al puerto y pido amarre de cortesía para comer. Ya lo dije la otra vez, pero es cierto. Para un castellano parlante, decir “port d´aiguadolç , port d´aiguadolç , port d´aiguadolç ” es un auténtico trabalenguas. Me dan las mismas instrucciones de la otra vez y me dirijo al pantalán. No hay nadie más. Se amarra de costado sobre la banda de estribor y, sin viento ni ná, resulta más fácil que mear en pared . Nos ayuda un marinero muy amable, morito para más señas, y nos cobra diez lereles antes de que abramos la boca, por si acaso.

Como el grumete sigue dormido me dedico a ver cositas del barco, retocar las amarras y las defensas, atraso los carros de escota del Génova, y paseo un poco por el pantalán. Mi almiranta sencillamente está sentada en el barco, hace buen día y se puede disfrutar. Cuando ya consideramos que era tarde despertamos al chico y vamos a comer, a la Bocana.

No debimos de comer muy allá, pues aunque han pasado diez días no recuerdo qué comimos. Eso sí, recuerdo que salió carete porque, siendo sábado, no había menú. Pedimos una botella de vino blanco contando con bebernos media (el grumete naranjada, ¿eh?) y llevarnos el resto. Pero durante la comida no sé qué me pasó, no podía mantenerme despierto. La barbilla en la mano, apoyado en la mesa, y no había manera. Mi mujer diciéndome, “pero ¿qué te pasa?” , y yo ni idea. Cuando me despejé un poco, pensando… no os he dicho que , pecando de nuevo de exceso de prudencia, me tomé dos biodraminas, con cafeína. Aunque habían pasado al menos tres horas, debieron de hacer reacción con el vino. No encuentro otra explicación.

Resumiendo, terminamos de comer y le empieza a entrar el sopor a mi almiranta, con que iremos al barco y un poquito de siesta antes de zarpar. Nos vamos con la media botella de vino, llegamos al pantalán, entro yo primero, ayudo al grumete, le doy la mano a la almiranta para ayudarle y, cuando me doy la vuelta, oigo sobresaltado gritar a los dos.

¡LA ALMIRANTA SE HA CAÍDO!




Sigo…
__________________
Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.

José Antonio Labordeta.

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