Re: Mi segunda travesía. De cómo el hombre propone y Dios dispone.
Se filtra ya la claridad por los portillos. La noche ha sido tranquila, salvo por un carcamal que ha entrado o salido a no sé que hora a toda leche, haciendo bailar rockanroll acrobático a todos en los pantalanes. Me levanto a poner en marcha el calefactor, para que mi tripu se levante calentita y se vaya un poco la excesiva humedad. No sé si hago bien o mal, pero por la noche dejo entreabiertos un portillo y el tambucho. Me acuesto otra vez hasta que la almiranta se remueve, y le pregunto. Dice que está dolorida, pero quizá menos de lo que esperaba. Es igual, mi idea es volvernos a casa.
Cuando nos levantamos y vamos hacia los aseos del náutico tenemos una conversación como las de novios con el teléfono (ya sabéis: cuelga tú; no, tú; que no, cuelga tú…) pero con el tema: “cariño, nos vamos” “que no, cariño” “que sí, cielo”… y así. Le digo varias veces que hemos venido para disfrutar, no para sufrir, pero me dice que nos quedamos. Como dice Bureba, “Seguro que tu mujer que está más en esto por tí que por ella misma, acudirá de nuevo a tu llamada del mar” Le cuesta caminar, la zona dolorida (ciertamente el hematoma es grande) le roza continuamente tanto contra el otro muslo como contra la costura, pero me dice que si no tiene que moverse mucho, no habrá problema. Por mi parte, solamente tiene que coger la caña para aproarse al maniobrar las velas (el barco tiene piloto automático pero, torpe de mí, no he querido aprender a usarlo hasta ahora. Será lo primero que pregunte la próxima vez.)
La caminata hasta los baños y vuelta, en esas condiciones, se hace larga. Vamos de nuevo al Café del Mar, otro bocata de butifarra a la plancha con pan tumaca, un cortadito y tal. Mientras intento contactar de nuevo con Toni, pero no hay manera. Ya no lo intentaré más. Son más o menos las once, vamos hacia el barco.
Hacemos las cosas despacito, sin prisa. Mas cuando ya estoy presto a largar amarras, veo que empiezan a salir los participantes en la regata de Carnaval. Nada menos que un centenar de barquitos. Algunos, asidos a largos cabos, remolcados por zodiacs de monitores o jurados. Otros lo hacen directamente a vela, con un par. Bueno, con una solo. Salen también algunas zodiacs con grandes boyas, con las que marcarán el campo de regatas. Estos se pasan directamente por el forro la limitación de tres nudos en puerto. Si no van a treinta…
Se hace bonito, pero largo, ver pasar el ciento y pico de embarcaciones. Ciertamente, nada me impedía salir a mí, si hubiera sido un poco experto, pero para estar tranquilo necesito pista, esperaré a que salga el último, el “barco escoba”. Mientras tanto, el resto de mi pantalán tambien se despeja, me dicen que cuando hay este tipo de regatas los padres se juntan entre ellos para alquilar barcos y ver la regata desde el mar. Salvo los dos grandes catamaranes, han desaparecido todos.
Bueno, pues hoy hay algo de vientecito, pero no me dificulta la maniobra. Salgo despacito, izo la mayor donde ayer tras ceder la caña a la almiranta. El grumete se está portando bien, no es poca cosa. La almiranta no lo está pasando muy mal, eso es bueno.
Enfilo ya la bocana y …
Y eso ya os lo contare mañana.
Salud   
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Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.
José Antonio Labordeta.
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