Ya voy acabando, no os preocupéis.
El equipo de viento marca un máximo de diez nudos, pero luego comprobé que el viento real eran 10-12 , con rachas de 15 nudos. En un momento dado , decido acercarme a ver desde el mar la preciosa escultura que hay en la playa, la cual me gusta por ella en sí, y porque me hace sentir tan cerca de los antiguos griegos, mediante sus mitos y sus leyendas. Os dejo un enlace.
http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&...adepXA&cad=rja
Cuando me voy acercando, me pasa otra cosa para disfrutar: desde la playa viene, como una flecha, un tío con una tabla de windsurf. No sé qué velocidad llevará, pero va a toda leche. Me cruza por popa, no me puedo reprimir y le grito: ¡¡¡uuuhhhhhhhh!!! A ver, grito de animación, de aclamación. El tío, manteniendo su velocidad, suelta una mano de la vela y me devuelve el saludo. Im-presionante.
Bueno, pues admiramos la escultura desde el mar, hacemos alguna maniobra más y nos acercamos al campo de regatas donde los niños manejas sus optimist. Es alucinante el dominio que tienen en esa cáscara de nuez, con esa desamparada velita…
Decido no tentar más a mi buena suerte, y pacto con la almiranta volver a puerto y quizá, después de comer, volver a salir. No se ha quejado nada, aunque tiene dolores ha disfrutado de este rato de navegación casi tanto como yo. Mientras volvemos recojo Génova y voy pensando que, a pesar de todos los avatares, este rato de navegación ha valido por muchos, muchos ratos de sinsabores. Imagino lo que debe de ser poseer un velero y tener tiempo para disfrutarlo , y de vez en cuando tener una meteo como esta para gozar.
Ya dentro del canal del puerto, me vuelvo y veo una patrullera de la Guardia civil que contempla mi errático rumbo mientras voy hacia el muelle de carga para recoger la mayor. No puede ser… Al poco veo que ellos van a amarrar un poco más allá, nada que ver conmigo. Por la hora, supongo que van a cambiar de turno, o sea, de tripulación. Así que tranquilamente bajo mi mayor, saco mis defensas, y a buscar mi pantalán.
Esta vez la maniobra va a ser un poquito más complicada. Ha refrescado pero, sobre todo, ¡está el pantalán vacío! Recordad que os dije que se alquilaba todo para ver la regata, y aún no había terminado. Por un momento valoro la posibilidad de pedir marinero, descartada automáticamente. ¡No he de saber amarrar!¡Hombre!
A velocidad de casi no-gobierno apunto proa al centro de mi amarre, tengo en cuenta el viento. Ya llegando veo que está allí –san- Jordi , el armador, que se las sabe todas y estaba al quite. Bueno, pues la proa clavada, sin problemas. Pero en el tiempo que transcurre entre que nos entendemos él, mi almiranta, que me ayuda siempre con las amarras, y yo mismo, la popa del barco se cruza a sotavento casi completamente. Siguiendo consejos de Jordi, me da el muerto del amarre de al lado para que con él lleve la popa a su sitio, y entonces me da el mío para amarrar fijamente y largar el primero. Perfecto.
Estamos un rato de cháchara y se va. Al poco veo que llega el 30 pies que amarra a mi estribor y decido que, como buen marinero, tengo que asumir yo el papel de Jordi y ayudarles. En él llegan cinco o seis hombres maduros, supongo que llevarán unas cuantas millas. Preparo los cabos, les pregunto cuál quieren primero, como no me dicen nada claro les doy la amarra de sotavento pero no sé lo que hacen, se les va el barco, y abortan la operación. Atrás, y lo intentan de nuevo. Se la vuelvo a dar, y de nuevo no les da tiempo a hacer firme antes de que se les cruce el barco, agua de nuevo. Atrás y, a la tercera , lo consiguen. Intento tener algo de conversación con ellos, estaba difícil y tal, pero no me siguen. Sosos. Al menos, me queda la sensación de que, novato como soy, me he apañado mucho mejor que ellos.
Un rato, y llega el 32 pies de mi babor. Asimismo les ayudo, lo consiguen a la segunda, y el trato es similar. Esta vez, incluso le aseguro desde mi barco una defensa a una pobre tripulante a la que no le salía el ballestrinque. Me quedo un poco con la sensación de qué sosos son todos, pero a la vez me siento, no sé… ¿buen marinero?
A partir de aquí me podría extender más hasta que me abandonéis los pocos que me habéis aguantado. Solamente deciros que ya no salimos por la tarde, yo ya me dí por muy satisfecho. Por cortesía del armador, comimos en la cubierta de un cata impresionante, al refugio que nos daba su cabina. Incluso (gracias, Jordi) me ofreció el día siguiente volver a navegar en el 25 (gratis, ¿eh?), o salir a probar el 30… Se lo agradecí mucho pero ese día ya era para dedicárselo a la familia, disfrutar de la playita , de Pasífae y tal, y , de nuevo, no tentar más a mi buena suerte. Además, al final apareció Toni y pasamos el resto del día muy agradablemente con ellos.
Podéis aplaudir, luego pasaré la gorra. No echéis puros, que no fumo.
Salud


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