Eso se llama amor por los barcos, seguramente, si hubieras valorado el importe económico y de horas de trabajo, no valdría la pena.
Pero, como digo, es algo irracional lo que nos impulsa a resucitar algo que muchos, por no decir casi todos, darían por perdido.
Que suerte tuvo ese barco de que te cruzaras en su proa.
Un trabajo espectacular, enhorabuena.


por ti y por tu velero