Buenos días y

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Un día hace bastantes años estaba yo de vacaciones y me dice mi amigo Juan,
" Oye ¿te vienes mañana a pescar Congrios?, tengo una caja entera de Sardina grande que me la ha regalado el Patrón de un merlucero porque se van a Bonitos y no tengo congelador, así es que la uso de carnada hoy o mañana o la tengo que tirar". Creo recordar que estábamos en Junio.
¿Cuándo salimos?, le respondo sin pensármelo. "Pues yo saldría esta misma tarde a echar el aparejo, y mañana al amanecer a recogerlo, porque si lo dejamos para mañana la carnada se va a ablandar mucho".
Ok, le respondo, dime hora y muelle. "A las 6 en el muelle de la Campsa", me respondió Juan, "Primero tenemos que cortar las Sardinas por la mitad y encarnar el aparejo, nos llevará como 1 hora".
Dicho y hecho, mas o menos a las 7 estábamos saliendo de la bocana con la veterana embarcación de madera de 8 Mt. sin cubierta que el padre de Juan, ya fallecido, había traído de segunda mano de Gijón. Estaba propulsada por un excelente motor de 4 cilindros Barreiros de automoción marinizado que daba 45 CV a 2.500 RPM, con mucho trote y cero mantenimiento como pude comprobar después, aún así chutaba sin problema alguno. Cuando Juan se dispuso a arrancarlo en el muelle hizo algo que me sorprendió a medias, cogió una varilla de hierro de 1 Mt. y envolvió un extremo con un trapo, después vertió un poco de gasoil en el trapo y le prendió fuego para acto seguido acercar la improvisada antorcha a la boca del colector de admisión del motor y darle al arranque, el motor arrancó en pocos segundos.
Este motor, al igual que el Barreiros del barco de mi padrino que en este caso daba 68 CV, llevaban coronando el colector de admisión una especie de boina metálica con una rejilla en el interior para evitar que el motor se "tragara" un trapo o cualquier otra cosa por la succión producida en la admisión.
En este caso la "boina" había desaparecido
Cuando le pregunté a mi amigo porqué había hecho eso me respondió que su padre hacía lo mismo cada madrugada para hacerse a la mar porque sin antorcha el motor se negaba a arrancar.
Cuando estábamos entre los islotes de Akatz y San Juan de Gaztelugatxe me avisó de sus intenciones, había calma chicha, fondeamos un pedrusco como de 10 Kg. por dentro del islote venerado por los bermeanos y comenzamos a largar aparejo hacia el Norte, pasamos por dentro del arco oriental del islote, que tiene el tamaño de un túnel de tren de vía estrecha, mientras hacíamos esto por supuesto al ralentí, Juan me comentó como ya había hecho varias veces antes que su abuelo materno, afamado pescador de Congrios que salía a pescar con un bote de remos y se pasaba la noche solo a bordo del mismo hasta los 72 tacos, pescaba los congrios más grandes dentro del túnel.
Cuando salimos por el lado Norte mi amigo giró hacia el Oeste y continuamos largando aparejo hasta que acabamos de echar los 350 anzuelos donde ya se había acabado la playa de Bakio por su lado occidental, las brazoladas estaban montadas muy separadas en el cabo madre.
Al amanecer del siguiente día y tras el ritual de la "antorcha" nos dirigimos al lugar donde habíamos a largar el aparejo la víspera, el tiempo ya no era igual que el día anterior, durante la noche había levantado viento y teníamos marejada. Juan me dijo preocupado que no sabía si podríamos pasar por el túnel con aquel tiempo, yo le animé a hacerlo y me puse al timón con toda la intención de no desembragar dentro del túnel si aquello se ponía feo.
Cuando estábamos dentro se nos pusieron de corbata, a cada ola la embarcación subía y bajaba varios metros dentro del túnel pero hicimos el paso sin contratiempo, mi amigo embarcó un Congrio de 12 Kg. que fue a la postre el mayor ese día, le largó un porrazo en el vientre y se que dó quieto un rato.
Cuando estábamos embarcando el pedrusco del otro extremo del aparejo después de 90 Kg. de Congrios y muy cerca de las rocas vino lo bueno. De repente comenzó a salir mucho vapor por las tapas de hierro de la cámara de la máquina, yo desembragué en el acto. Juan se puso a soltar una sarta de juramentos y blasfemias mientras yo, no sé porqué permanecía impasible, de repente me soltó como un loco "Oye, cómo puedes estar tan tranquilo estando a 10 Mt. de las rocas, coge un remo porque habrá que empujar".
A lo que respondí ¿tienes agua dulce para echar al motor?, ante su negativa le respondí que llenara un cubo de agua de mar y se lo echara al motor.
Me respondió con los ojos fuera casi de las órbitas que no se podía echar agua salada. Échale agua de mar hombre, para salir de aquí, después en puerto se la cambiamos por dulce.
Esta vez me hizo caso, embragué y nos largamos de allí. Cuando ya nos habíamos alejado de las rocas nos quedamos sin timón.
Salud y



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