Me alegro por el final feliz. Ponerme el chaleco al subir al barco se ha convertido ya en una costumbre, y el patrón nos lo recuerda si alguna vez no lo hacemos. Lo agradecí en una reciente regata cuando, estando en la misma posición que Héctor, y por el mismo motivo, me vi com medio cuerpo en el agua y agarrado a los candeleros. No llegué a caer, pero, tal como estaba el mar, ese chaleco hubiera marcado posiblemente diferencias. Nunca más me lo he tenido que recordar el patrón. Eso sí, es un hinchable con método Hammar, no abulta y permite maniobrar.
