Del detallado relato de Urtzi solo me cabe añadir algo más "personal" sobre nuestra travesía.
Desde que tengo uso de razón "nautica" y por experiencias pasadas, siempre he tenido mucho cuidado con quien embarco y a quien embarco en una travesía de más de 24 horas. Cuando el querido cofrade Urtzi nos planteó la posibilidad de navegar con él, algo me decía que todo iba a salir bordado. Y mi intuición femenina no me ha engañado.
Navegar, además de flotar en el mar, es convivir durante un tiempo con personas a las que a veces casi ni conoces. Es el momento perfecto para crear un lazo de amistad estupendo o romperlo en mil pedazos.
Cada uno tenemos nuestras manías en lo que a la navegación se refiere. A unos les gusta ir derechitos a su destino y a otros les gusta jugar con el viento y sus caprichos. Cuando estas manías coinciden, la navegación es un auténtico placer.
No sólo ha habido una coincidencia perfecta en la navegación, sino en todo lo demás. ¡¡¡ Los chistes los entendíamos todos!!!

y hasta en los momentos más "delicados" la chispa bromista ha saltado relajando el ambiente.
No sé si las grumetillas de Urtzi y Piedi habrán aprendido a situarse sin ayuda del GPS, pero lo que si creo es que lo hemos disfrutado a tope. Si a todo esto le añadimos el componente meteorológico, indudablemente favorable, y una alimentación a todas luces excesiva (no hay más que ver mi actual sobrepeso), el resultado no puede ser mejor.
Y si me permitis un poco de romanticismo, tengo que decir que esos "conocidos" tabernarios de La Rioja se han convertido en esos estupendos "amigos" con los que ha sido un verdadero placer navegar.
Mil gracias, Urtzi por contar con nosotros, y mil gracias a Kaia por su estupendo peazo de barco que nos ha permitido disfrutarlo.
Y cuando eche mano a la cámara de Miguelar prometo un par de fotos muy muy buenas.
Rondas pa'toer mundo
