Hombre, es verdad que los temporales no hay que ir a buscarlos. Pero en las regatas (no me gustan pero forman parte de mi pasado), uno sale y le cuesta abandonar si las cosas se ponen feas para no ser señalado con el dedo y juzgado como un gallina. Estamos en exposición pública y nuestra imagen cuenta.
En la Sidney-Hobart había mucho en juego, y el orgullo de superar una gesta tenía su importancia. Eso hizo que desoyeran los dos avisos de que las cosas se iban a poner feas y nadie abandonase la competición. Supongo que crucereando solos, unos cuantos hubiesen actuado de distinta manera...
Vaya, yo lo veo así...
