Yo me crucé con vosotros cuando aún no habíais tenido el percance y me fije en vuestro bonito barco que nunca había visto en el puerto. Luego empezó a soplar de lo lindo y yo me fui mar adentro a disfrutar de los 12-15 nudos que se levantaron.
Al volver, o vi en el muelle de espera junto a otro barco, pero no me fije en el problema. Siento no haber estado para echaros una mano. Ahora estoy de viaje, pero cuando vuelva pasaré por el varadero por si os puedo ser útil en algo.
Dentro del desastre, hay que felicitarse por no tener ningún problema entre vosotros. Al fin y al cabo, los palos se arreglan o se cambian. Las cabezas es mucho mas difícil arreglarlas.


