Originalmente publicado por kivuca
Nochero, como siempre... me estremece lo que escribes.
A veces me siento hasta mal porque no se nada de esa vida (ni de tantas otras), y aunque me imagino lo duro que puede ser, nunca llegaré a comprenderlo.
El mar... la mar... tiene sus dos lados, y creo que todos lo que estamos leyendo esto lo sabemos.
De todas formas yo pienso que los que estamos aquí (en el lado "marino"), no es por que nosotros queramos, sino porque es el mismo mar quien nos ha llamado...
El domingo mismo, hablando con mi padre (montañero profesional, a sus 86 años sigue andando y escribiendo de montaña) y mi hermana (nada marina), les decía que todos tendríamos algo de lo que quejarnos, y que yo podría quejarme de que "la vida" (la familia, donde nací, las costumbres montañeras familiares...) me había tenido siempre "tierra adentro", y mis referencias del mar, aparte de verlo en vacaciones, sólo era lo que escuchaba a mi madre (Cántabra hasta la médula) decir que era lo más bonito del mundo y cuánto lo echaba de menos.
Y que sin embargo, siempre hubo algo en mí que me tiraba hacia el mar y que aunque ha tardado, al fin ha logrado calarme.
Primero fue el buceo, ahora al fin el barco, pero tuve que esperar a los 35 años a empezar a descubrir que esa mole azul tenía planes para mí...
Hoy ya me duele estar lejos del mar, siento como que me seco dentro cuando estoy en Zaragoza (y por desgracia todavía tengo que estar más de lo que quisiera), y no hago más que pensar y sentir que mi sitio está en cualquier lugar que haya agua salada.
Es algo que sale de dentro... pero sin dejar de lado su cara más amarga...
No he navegado tanto todavía como para experimentarlo así, de momento la emoción y la seguridad con la que lo hago, supera los miedos, pero sí buceando, tengo unas 500 inmersiones, que no son infinitas, pero no pocas, y os aseguro que SIEMPRE, SIEMPRE, cada vez que me estoy equipando para sumergirme, me entran los sudores, se me acelera el corazón, me pongo nerviosa, siento cierto miedo, y es todo ese gran RESPETO y también MIEDO al coloso que me espera... Cierto es que en cuanto estoy abajo, la PAZ que siento puede con todo lo demás. Creo que el mar es como una buena madre, asusta, riñe y pega, pero también mima y consuela.
Nada puede creerse controlado en el mar, ni encima, ni debajo, y siempre será quien tenga la última palabra. He vivido situaciones chungas bajo el agua, mías y ajenas, y es duro, muy duro...
Pero como dices... SIEMPRE VOLVEMOS.
... PORQUE NO SOMOS NOSOTROS LOS QUE VAMOS, ES EL MAR QUE NOS ARRASTRA HACIA ÉL.
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