Originalmente publicado por Tahleb
Comorrr? torpes los franceses???
Ah, bueno. Hablan del 1790. Después de que los revolucionarios asesinaran a toda la oficialidad de "la Royale" y tuviesen que volver a aprender a manejar los navíos. Vale. Puede ser que durante unos años fueran algo torpes.
¿Cobardes los españoles? ¡Si en los manuales de la Navy decían que lo último que se podía permitir era ser abordado por un trozo de españoles!
Ah, bueno. Hablan de 179+. Cuando, hartos de que el Borbón tarado que gobernaba el Imperio hubiese incumplido el pago de los premios de guerra, los oficiales de valor y las tripulaciones profesionales se hubiesen afincado en los alrededores de Madrid (más lejos del mar no se podía). Vale. Sí. Los españoles no tuvieron más remedio que enrolar gente cobarde, cruel, vaga y sucia. Delincuentes y carne de presidio. Con oficiales que no cobraban ni para mantener dignos sus uniformes (véanse los remiendos de la bocamanga del pobre Churruca, ese iluso, que siendo Almirante vivía de dar clases de Astronomía).
Y si no hubiesen tenido, a continuación, a un Fernando VII no hubiesen perdido su flota de cuarenta y tantos navíos de línea, podridos por la carcoma en sus fondeaderos. Y si, en vez de dedicarse a unas cuantas guerras civiles entre militarotes isabelinos y carlistas, se hubiesen preocupado de vigilar su Imperio, de fomentar su industria y de alimentar a su pueblo, tal vez hoy la prima de riesgo alemana sería la gran preocupación del mundo, y no la española.
Terrible destino el de un pueblo duro y abnegado en la desgracia, sujeto a la maldición divina de sucumbir bajo los estandartes de una nobleza, un politiquerío patriotero y un clero cubiertos de avaricia, soberbia y podredumbre. Triste destino el de un pueblo que, con semejante historia, aún tiene quien se aferre a los carcomidos oropeles, hediondos de sangre de los desheredados, que lo condujeron a la desgracia y al deshonor.
Nadie, en Europa, tuvo jamás mejores tropas y peores oficiales desde los tiempos de Aníbal. Nadie se ha batido con tanta ferocidad como un español contra otro en el siglo XX. Sin síndromes de fatiga de combate, sin necesidad de psiquiatras al volver a casa y, ya me perdonarán los gays valerosos que salen a la calle a decir lo que son, sin mariconadas. Si hay que luchar no se duda y, si hay que matar, se descabella.
Y toda esa abnegación, esa desgraciada y dudosa gloria, se ve aún capitalizada por quienes nada saben de la muerte por el hierro; de quienes huyeron en su momento hasta del Servicio Militar, que se suponía que era para los pringadillos que no tenían un tío obispo. Rubicundos hijos de la Aristocracia que, por un principio de justicia divina, salen con los ojitos azules en vez de la oscura pupila de quienes han tenido tumbas en todas la latitudes.
Escaso consuelo para los guerreros de piel curtida que atravesaron la mar para matar al gran enemigo: la Miseria.
Por el amor del dios en el que creáis: !dejad en paz las expediciones, las gestas y las batallas de las que sólo se recuerda el nombre de un hombre! ¡No améis más a la Patria, que nunca jamás os perteció! Amad a vuestras mujeres, sobre todo cuando ya son madres. Amad a vuestros hijos y enseñadles a burlar las banderas que piden sangre. La verdadera gloria se alcanza en los talleres, en los escritorios, en las minas, los barcos y, afortunadamente, en los tálamos sobre los que se engendra, en paz, a las generaciones del futuro.
Disculpen ustedes. Últimamente he vuelto a leer a Rousseau, y ya se sabe...
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