Re: Navegar Festejando.festejar Navegando.
De momento, enfilo la chimenea de Cubelles. En ese rumbo no me alejo de la costa y podemos ir viéndola. Ante la parsimonia –casi aburrimiento- la Almiranta me pide permiso para tumbarse en proa, y tomar el sol en bañador . ¡Ah, y en chaleco hinchable! Eso, irrenunciable…
Chimenea, chimenea, chimenea… se hace lento hasta que la empezamos a dejar atrás. Y se sigue haciendo lento cuando la rebasamos. En estas que, después de un rato de relax, se me ocurre mirar la vela mayor. Observo que la botavara está muy caída, y que seguramente si la levantara embolsaría más e iría mejor . Eso se hace con… ¡el amantillo! Jopé, parece que estoy haciendo un test para el PER. Solo que en mi vida he tocado un amantillo, ni un pajarín, ni un ollao de Cunningham… nombres muy divertidos para vacilar, pero hasta ahora sólo para eso. Y ahora,” ¿dónde carajo estará el amantillo?” me pregunto, pensando que estaba reenviado a la bañera. Siguiéndola veo que no está en la bañera, está hecha firme en el mástil, y adujado el sobrante. Pensando, se me ocurre que si lo suelto la botavara se me irá abajo, solamente la soportará, si es que lo hace, la vela, con que decido no tocarlo. Al fin y al cabo, tampoco hay mucho que optimizar. Se me ocurre pensar que en estas navegadas veo cosas o problemas que probablemente en el momento no me atrevo a tocar (la última vez fue si no debería de atrasar los carros de escota del Génova con ella fuera), pero que me llevan a resolverlas para la siguiente. A la vuelta me explicaría el armador que lo tiene así porque si lo reenvía a la bañera algún niño o no tan niño lo podría soltar por accidente y caerse la botavara encima de alguien.
Bueno, pues ya hemos dejado definitivamente atrás la chimenea. Siguiente hito, el faro de Torredembarra -tan peculiar- que ya se divisa allá a lo lejos. Continúa el casi nulo viento, y seguimos a motor. Bajo a por bebidas frescas, y a poco me cargo la llave de las baterías, que está bajo el último escalón. La quito para que no vuelva a pasar. Al subir de nuevo, y andar por el barco, me doy cuenta de que el color del agua, cuanto más desde arriba se ve, más verde y menos grisáceo parece. Me quedo un rato embobado, mirando los reflejos del sol en el agua.
De repente veo algo extraño. Parece una aleta… ¡de tiburón! Pequeñito, eso sí. Trae rumbo de cortarme la proa al bies, pero algo no me cuadra. En las películas, ya no lo recuerdo en documentales, la aleta va derecha como un tiro, y esta va ondulando, como si lo que viera no fuese la aleta dorsal, sino la caudal. Estoy valorando si pudiera ser un cazón o algo similar, y al cruzárseme veo que es… un pez luna. O al menos creo que lo es, porque alguna vez he visto fotos, y como los pintan tan enormes… No tardo en ver otro, de igual tamaño. Entre medio y un metro de diámetro, calculo. Y, al hilo de lo que se decía en otro post sobre ellos, puedo dar fe de que saltan, pues un tercero lo hizo dos veces seguidas en mi estela. En el resto del día, todavía vi otros dos o tres más.
Al fin, el faro de Torredembarra.
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Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.
José Antonio Labordeta.
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