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Antiguo 21-05-2012, 15:04
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sargazos sargazos esta desconectado
Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Navegar Festejando.festejar Navegando.

Bueno, pues después de un poquito de romanticismo volvemos al barco. Reviso los –el- muerto, a ver qué diantres ha querido decir el marinero con lo de las barbas de gato, término que entiendo como fondear con dos anclas en ángulo. Por lo tanto, aplicado aquí, debe de ser que de un muerto (el peso) en el fondo, salen dos amarras, y por lo tanto si tiro encontraré la segunda y la podré hacer firme. No la encuentro, con que interpreto que es como pienso, pero de un solo peso sacan dos amarras, una para cada barco. Observo que tal y como lo tengo amarrado , el muerto a la cornamusa de babor, el barco se me queda un poco cruzado a estribor, donde tengo un “tractor” con un francobordo altísimo, y mi candelero de estribor toca con su casco. Imposible colocar ahí una defensa. Se me ocurre amarrar el muerto al otro lado, y el barco se cruza a la otra banda donde hay un Puma 34, y entre sus defensas y las mías, pienso que queda perfecto.

Toca ducha. La necesito. Entre otras cosas, porque el sol me cogido a base de bien y eso que me dí protector. Pero la pierna de babor, que diga la izquierda, la llevo como un palito de cangrejo, roja por encima, blanca por debajo. Las duchas, bueno, correctas, pero debo de estar malacostumbrado a las de Mataró o Vilanova. Nos cambiamos, llamaditas de rigor a la familia para decir que estamos sanos y salvos, y para hablar con nuestro hijo que, no, no lo hemos olvidado. Nos cambiamos, y salimos.

El puerto, como casi todos los de la costa catalana, está aislado de la ciudad por las vías del tren. Aquí, además, tenemos el aliciente de que hay obras, y para poder cruzarlas hay que dar un buen rodeo y pasarlas por un sitio provisional, sitiado por vallas , maquinaria, etc. Cuando lo conseguimos buscamos la forma de “escalar” para llegar al casco histórico, y mientras ando pensando que podían haber puesto unas escaleras mecánicas del tipo de las del Parque Güell en BCN, voy y las encuentro. Nada más dejarlas nos vemos inmersos en una zona de terracitas. En una de las primeras nos tomamos unas cañas y unas empanadillas. ¡ Qué bien nos saben ¡

Paseando despacito, como hay que hacer estas cosas, callejeando, vamos a salir a la plaza del ayuntamiento donde se mezclan otros paseantes con gente viendo el partido del Barça en las terrazas, y con los restos de una manifestación contra los recortes. Luego mi sentido de la orientación nos lleva por más callejuelas hacia arriba, encontramos más murallas romanas (como nos dijo el marinero del puerto, “ya sabéis, aquí todo es romano”) y nos asomamos a una puerta abierta en ella desde la que vemos, allá abajo, la Tarragona moderna. Seguimos ascendiendo para llegar, como queríamos, a la plaza de la catedral, pero llegándole desde atrás para ver una vista de ella que no conocíamos. Es una suerte para los pocos turistas que vamos pero, ¡qué desaprovechada turísticamente está esta ciudad!

Vamos a tiro fijo. Conocemos un sitio, en la misma plaza, en el que cenar a gusto. Poca variedad, pero muy bueno. Cenamos en la terraza, conversamos con los dueños, pedimos un mojito… Veo el resplandor de los flashes de los turistas, cuando de pronto… “oye, los flashes no imitan el sonido de los truenos, ¿verdad?” y en ese preciso instante empiezan a caer gotones del cielo. Tormenta. Pues nada, cogemos los mojitos y entramos al local. Al rato, se me enciende una bombilla:” joder, he dejado la escotilla del camarote abierta” “¡y?” “pues que si está lloviendo, entrará agua y se nos mojará la cama” Terminamos el mojito de un trago, a tomar por saco relax. Pagamos, salimos… y no llueve.

No parece que amenace lluvia, así que podemos seguir relajados. Otro paseo despacito por la ciudad. Ahora, en la plaza del ayuntamiento, han plantado sus tiendas de campaña algunos indignados. La gente pasea, tranquila. Conversa. Tomamos otra ruta para conocer un poco más la ciudad y así, poco a poco, llegamos a puerto. Hay un poco de chunda-chunda molesto de los bares de alrededor, pero el marinero tuvo el buen gusto de darnos el amarre lo más alejado posible del ruido, con lo que no resultaba muy molesto.

Lo que pasó desde ese momento hasta bien amanecido el día siguiente queda a vuestra imaginación, que sé que no me fallaréis.

Especialmente tú, Capitán Garfio.
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Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.

José Antonio Labordeta.

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harfan (22-05-2012), lidiana (21-05-2012)