Originalmente publicado por sargazos
... Enseguida me alegro de haber seguido, pues es la parte más bonita de todo el trayecto. Llegamos a Altafulla, nombre y población bonitos donde los haya . Por cierto, lugar donde José Antonio Labordeta tenía una casa donde pasaba largas temporadas para conjurar sus ansias de mar, presentes en varias de sus canciones. Incluso, investigando un poco, acabo de ver que a su muerte le rindieron allí un homenaje , en el transcurso del cual se recitó la poesía- canción que tengo en mi firma. Por cierto, quizá podríais pincharla y escucharla. Os gustará.
¡Cuánto sabías, abuelo!
Pasamos también (siempre con el runrún del motor, seguimos sin viento suficiente), por el castillo de Tamarit. Primero se divisaba la parte en umbría, lo que le daba un aspecto fantasmagórico, .Según lo íbamos rebasando el sol nos definía cada detalle. Supuse que en la actualidad sería un hotel o algo similar, pero no dejaba de tener su encanto, castillo de roca oscura.
Todavía estaba lejos de atardecer, pero el sol ya iba perdiendo su fuerza de mediodía, y los colores subían su fuerza. El turquesa del mar, el rojo y negro de las rocas… y llegamos a la punta de la mora, con los restos de la torre de defensa y el intenso color ocre , más bien albero, de sus cortados de arenisca, contrastando con el verde oscuro de los pinos. Reconforta ver que aún quedan sitios así, que resistieron al empuje inmobiliario que ha hecho de nuestras costas una sucesión de ladrillos, unos encima de otros...
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